El Chaltén tiene esa forma rara de convertir a humanos normales, amantes de la comida, en “senderistas serios” por una semana. Te levantás temprano, te prometés a vos mismo un desayuno potente, y de repente —por el kilómetro nueve— te das cuenta de que sos básicamente una vela humana muerta de hambre caminando por la montaña. Audrey y yo fuimos a El Chaltén esperando paisajes épicos (cumplió), comida increíble (también cumplió), y un par de “caminatas agradables”.
Y sin embargo… acá estamos, escribiendo un artículo sobre bastones de trekking.

Porque la posta no es preguntarse “¿Necesitás bastones de trekking en El Chaltén?”. La verdadera pregunta es: ¿Querés sentirte más firme, seguro y menos destruido en las bajadas —especialmente en los trekkings más zarpados— sin que los brazos te queden como fideos pasados? Si vas a meter días largos uno tras otro (hola, Fitz Roy y Torre), los bastones pueden ser la gran diferencia entre decir “¡Mañana hacemos otra ruta!” y “Por favor, que un helicóptero me tire directo en La Waflería.
Esta guía es mitad ciencia, mitad consejos prácticos de equipo, y mitad “lo aprendimos por las malas”. Te vamos a contar cuándo los bastones valen la pena en serio, cuándo dan lo mismo, cómo usarlos para que sirvan de algo, y por qué el terreno y clima específicos de El Chaltén hacen que esta decisión sea muy distinta a, digamos, un paseíto por un parque nacional civilizado que no intenta cachetearte a otra dimensión con el viento.
La respuesta corta: ¿Sirven o no los bastones en El Chaltén?
Dejemos algo en claro. La gran mayoría de los que caminan por El Chaltén no necesitan estrictamente bastones para cada maldito sendero. Pero para las rutas por las que la gente cruza el planeta entero para ver —sobre todo Laguna de los Tres (mirador del Fitz Roy) y Loma del Pliegue Tumbado— los bastones son una herramienta clave para tramos empinados y rocosos, bajadas eternas, y piernas fundidas. La info oficial de los senderos también te avisa sobre nieve o barro cerca del final de algunas rutas en otoño o primavera, con una pendiente rocosa empinada donde puede ser un peligro avanzar sin ir bien firme.
Si solo vas a hacer miradores cortos y caminatas fáciles de medio día, los bastones son totalmente opcionales. Si vas por los trekkings pesados (o tenés rodillas sensibles, una mochila más cargada, o vas fuera de temporada), los bastones son de esas cosas que “los alquilás y te lo agradecés después”.
Para darte contexto: tuve seis noches en el pueblo y aun así necesité un día entero de recuperación después del Fitz Roy, además de un día donde el viento hizo que caminar pareciera un deporte extremo en el que nadie pidió participar. Esa mezcla —trekkings largos + cansancio + clima loco— es justo la razón por la que los bastones pasan de “accesorio cheto” a “decisión inteligente”.

Nuestra historia en El Chaltén: El KM 9 nos convirtió a la religión de los bastones
Pasamos seis noches en El Chaltén con un solo objetivo: caminar a lo bestia, comer todavía más a lo bestia, y repetir hasta que las piernas no dieran más. Llevábamos la cuenta de los kilómetros de caminata como si fuera un jueguito, lo que viene bárbaro para la moral… hasta que te das cuenta de que el kilómetro nueve tiene personalidad propia y muy mala onda.
El día del Fitz Roy, desayunamos tempranito (los alojamientos en El Chaltén entienden a los senderistas y sus madrugones), el cielo estaba despejado, y al toque hicimos algo muy nuestro: nos olvidamos el mapa en la mesita de luz. Así que dimos un par de vueltas por el pueblo, encontramos el inicio del sendero de pura suerte, y arrancamos.
Posta, gente, Audrey y yo dejamos el mapa, lo que convirtió nuestro “madrugón” en “supervivencia urbana”. Nada como empezar el trekking más icónico de la Patagonia con 45 minutos jugando a las escondidas para encontrar el bendito cartel de inicio.
Tipo 9 a.m. ya nos estábamos comiendo el almuerzo. Yo estaba en modo chancho y me clavé mi sándwich. Audrey fue la responsable con una ensaladita de arroz con todo —pedazos grandes de queso, huevo a rolete—, el tipo de comida que grita “Sí, yo planifico”.

En Laguna Capri tuvimos el clásico debate de la bifurcación: pegar la vuelta al pueblo, o mandarnos de lleno hacia Laguna de los Tres. El clima acompañaba, era temprano, y la luz del día parecía eterna, así que fuimos por la joya de la corona, sabiendo perfectamente que el último kilómetro tenía su reputación bien ganada.
Ya hiciste toda la aproximación larga, cruzaste ríos, te quedaste mudo mirando los picos de granito que parecen de película… y de repente el sendero se achica, la pendiente se va al carajo, el piso se vuelve pura piedra suelta, y el viento empieza a soplar como si te estuviera buscando pelea.
Ese es el kilómetro nueve. El kilómetro más largo y jodido de todo el trekking.
El KM 9 también fue donde el sendero se convirtió en un embudito de sufrimiento compartido: gente agotada, terreno empinadísimo, piedras sueltas, y esa sensación de que los cuádriceps ya son puré. Si hay un lugar en El Chaltén donde los bastones se sienten como hacer trampa en un videojuego, es en ese tramo.
Seguimos subiendo en parte porque los que bajaban nos tiraban la típica: “¡Sigan, no aflojen! ¡Las vistas son una locura!”. No mentían. Llegar a Laguna de los Tres fue el paisaje más alucinante de toda nuestra semana de trekking en El Chaltén.
Había un viento insoportable y estábamos muertos de hambre, así que nos escondimos literalmente atrás de una piedra gigante como si fuéramos snacks asustados con piernas. Nuestro banquete de cumbre fue: una barrita de cereal, unos caramelos y pura gratitud. Después, arrancamos el largo descenso de vuelta.
Por cosas como esta es que vale la pena debatir si llevar o no bastones.

¿Por qué El Chaltén es distinto? (Y por qué los bastones salvan tanto acá)
El Chaltén es famosísimo porque las caminatas son un espectáculo y recontra accesibles desde el pueblo. Pero ojo… amables no son.
La cruda realidad del “descenso largo hasta el pueblo”
Muchas de las rutas icónicas son de ida y vuelta. No terminás en una paradita cómoda esperando el bondi que te lleve al hotel; terminás pegando la vuelta y caminando exactamente la misma distancia para regresar. Eso significa que casi siempre te toca hacer el tramo más difícil y empinado de bajada cuando ya estás frito, y encima te quedan horas de bajada suave y terreno pesado después de ver el “premio mayor”.
Los bastones brillan en el camino de regreso porque te sacan un montón de carga de la cintura para abajo y te hacen sentir mucho más estable cuando te tiemblan las rodillas como papel.
El viento patagónico y el clima que hace lo que quiere
La Patagonia es famosa por su clima bipolar y unos vientos que te arrancan la campera. Podés tener sol radiante, ráfagas criminales, nubes, y preguntarte “¿por qué no siento la cara?” todo en un lapso de cinco horas. Los bastones te re ayudan con el equilibrio cuando hay viento o el piso es un desastre, pero seamos honestos: también te pueden hinchar soberanamente si estás a cada rato acomodando el agarre o tratando de tener las manos libres para abrigarte, sacar fotos o comer algo (prioridad absoluta).
Audrey y yo tuvimos un día donde el viento básicamente nos canceló las ganas de caminar. Intentamos arrancar y al toque sentimos esa situación de dibujito animado donde te empujan de costado. Así que cambiamos el chip, metimos día de cafetería a full y guardamos la poca energía (y dignidad) que nos quedaba para cuando el clima aflojara.

Finales a pura roca, ripio suelto y pendientes brutales
Varias de las caminatas clásicas terminan con tramos súper empinados y llenos de piedras sueltas (Laguna de los Tres y Pliegue Tumbado son los de siempre). Si esos lugares llegan a estar mojados, con barro, o con manchones de nieve (un clásico si vas fuera de temporada), la cosa se pone picante. La info oficial de los senderos te avisa clarito sobre la nieve o el barro cerca de la cumbre y de una pendiente rocosa donde puede ser re peligroso avanzar si no estás bien apoyado.
El agotamiento de meter caminatas varios días seguidos
Un viaje a El Chaltén casi siempre implica meter trekkings pesados uno atrás del otro: Fitz Roy un día, Torre al siguiente, y para el tercero ya te hacés el loquito y empezás a mirar otro mirador como si fueras de fierro. Los bastones te ayudan a manejar ese cansancio acumulado pasándole parte del laburo a los brazos, lo que ayuda a estar menos destruido al día siguiente de darlo todo en la montaña.
Nosotros aprendimos rapidísimo que somos “degustadores profesionales” primero, y senderistas después. Quedarnos seis noches nos dio la tranquilidad de meter un día entero de descanso después del Fitz Roy (12 horas de corrido en la cama, piernas duras como roble y caminando como zombis), más algo de margen por si a la Patagonia le pintaba hacer un berrinche con el clima.

Qué hacen realmente los bastones (y por qué importan)
Pensá en los bastones como una herramienta multiuso que cumple cuatro funciones clave:
1) Puntos de apoyo extra (estabilidad al palo)
Dos pies están bien. Dos pies más dos bastones es… casi siempre mejor. Te ayudan un montón con el equilibrio en terreno desparejo, piedra suelta y partes que patinan. Los que investigan biomecánica confirman que los bastones aumentan muchísimo la estabilidad, sobre todo si vas cargando una mochila con bastante peso.
2) Frenos en las bajadas (un mimo a las rodillas)
Cuesta abajo es donde casi todos sienten que hacen magia. Los estudios de este tema midieron la fuerza que aguantan las rodillas en las bajadas con y sin bastones, y esta es la razón posta por la que los aman los que tienen las rodillas medio flojas: te permiten repartir la carga y no comerte todo el impacto de golpe.

3) Ritmo y constancia (clave cuando no das más)
Los bastones te ayudan a mantener un buen ritmo. En días eternos, funcionan como un metrónomo para tus piernas. Suena a boludez, hasta que vas siete horas de caminata y tu cerebro ya está negociando con la gravedad a ver si te podés tirar al piso un ratito.
4) Un empujoncito en las subidas (si los usás bien)
Te dan una mano en las subidas bravas, permitiéndote empujar un poco con los brazos para mantener el torso derecho y repartir el esfuerzo. Pero ojo, esto no es marcha nórdica; no hace falta que lo conviertas en un entrenamiento olímpico de cuerpo entero, a menos que tengas muchas ganas de agitarte el doble.
La contra: los bastones pueden hacerte agitar más
Aunque los bastones alivian las articulaciones y mejoran la estabilidad, también pueden aumentar el desgaste cardiovascular porque estás moviendo más partes del cuerpo al mismo tiempo. Para la gran mayoría, vale la pena pagar ese precio, especialmente cuando la meta es llegar entero al hotel y poder volver a salir al día siguiente.

La matriz de decisión: ¿Llevo bastones a El Chaltén?
Usá esto como un diagnóstico rápido. Fijate en qué situación encajás y vas a saber al toque si traerlos, alquilarlos o mandarte a caminar sin nada.
| Tu situación | Los bastones son… | Por qué importa en El Chaltén |
|---|---|---|
| Haciendo Laguna de los Tres (mirador del Fitz Roy) | Súper recomendados | Final de roca muy empinado + bajada larga de regreso + fatiga |
| Haciendo Pliegue Tumbado | Súper recomendados | Día largo, mucha exposición al viento, tramos altos empinados, hay que madrugar sí o sí |
| Haciendo Laguna Torre (completo) | Ayudan bastante | Día largo; te ayudan con el ritmo y alivian el regreso |
| Solo miradores o caminatas cortas | Opcionales | Dificultad baja general; es pura cuestión de gustos |
| Rodillas sensibles, lesiones de antes o si odiás las bajadas empinadas | Súper recomendados | Te sacan peso en las bajadas y te dan un montón de confianza |
| Otoño o Primavera (riesgo de nieve/barro) | Súper recomendados | Piso patinoso + riesgo de marearte cerca de las rocas empinadas |
| Llevás mochila pesada (equipo de cámara, ropa extra o un bebé) | Súper recomendados | Más carga = más te sirve repartir el peso y tener equilibrio extra |
| Amás tener las manos libres para sacar fotos, matear y comer | Pensalo dos veces | Te pueden re hinchar; considerá alquilar solo para los días pesados |
Sendero por sendero: dónde rinden más los bastones
El Chaltén tiene una mezcla hermosa entre “che, esto es re tranqui” y “¿por qué me arden tanto los gemelos?”. Así es como juegan los bastones en los grandes éxitos del pueblo.

Laguna de los Tres (Mirador del Fitz Roy): el clásico “sí, llevá bastones”
Esta es la caminata que convierte a turistas en andinistas de fin de semana. La aproximación es un sueño, el paisaje se va poniendo cada vez más loco, y el último tramo te mira y te dice: “¿Cómo te llevás con la roca empinada y el ripio cuando no das más de cansancio?”.
En otoño o primavera es fija que te cruzás con nieve o barro hacia el final, donde el sendero pasa por una zona de piedras con una pendiente tremenda, y es re fácil pegarse un porrazo o desorientarse. Ese es el terreno exacto donde los bastones dejan de ser un chiche y se vuelven un upgrade total en seguridad y confort.
Dónde te salvan más los bastones en esta ruta:
- La pared final que es puro repecho (sobre todo si la piedra está suelta o patinosa).
- La bajada por ese mismo tramo (acá es donde las rodillas te van a agradecer de por vida).
- Cualquier travesía con viento fuerte o terreno desparejo donde busqués no caerte de boca.
Nuestra lección personal:
- Los primeros 9 km parecían nivel “intermedio”. El último kilómetro te toma examen final. Ahí es donde los bastones se ganan el sueldo de verdad.

Loma del Pliegue Tumbado: largo, expuesto y sin vueltas
Este trekking te roba el día entero y siempre te dicen que arranques súper temprano, idealmente con las primeras luces de la mañana y llevando linterna por las dudas. Si sos de los que dicen “vamos viendo sobre la marcha”, este sendero te va a enseñar a planificar a los cachetazos.
Podés encontrarte con nieve o barro cerca de la cumbre, de nuevo con un repecho de rocas donde avanzar seguro se complica y te podés desorientar. Sumale a eso estar expuesto a un viento terrible todo el tiempo, y ahí los bastones tienen todo el sentido del mundo.
Dónde ayudan más:
- Subidas eternas que no aflojan nunca (te dan cadencia).
- Tramos muy abiertos y ventosos (pura estabilidad para no volar).
- Para bancar el cansancio a última hora (no te olvides que tenés que volver).

Laguna Torre: el “puede ser” que a veces se siente mejor que el Fitz Roy
Laguna Torre es un día re largo, pero casi siempre te castiga menos que el Fitz Roy porque la inclinación afloja bastante después de la subida inicial, y la ruta te ofrece de todo. También es el mejor ejemplo de lo bipolar que es la Patagonia: podés tener un vendaval de locos en el pueblo y ni una brisa adentro del bosque.
La posta es que Laguna Torre fue nuestro día largo más cómodo en El Chaltén. Lo terminamos sin sentirnos reventados como nos dejó el Fitz Roy, un buen recordatorio de que no todas las “caminatas pesadas” te pegan igual al cuerpo. Y tu decisión de usar o no bastones puede cambiar según la paliza que te comiste el día anterior.
Si sos de los que buscan marcar el paso, los bastones te van a hacer el día mucho más fluido. Si caminás con confianza, tenés rodillas de acero y odiás llevar cosas en las manos, podés mandarte tranquilamente sin nada.
Dónde sirven más:
- Mantener el ritmo en terreno ondulado.
- Suavizar el esfuerzo a la vuelta, cuando ya estás para la siesta.
- Darte estabilidad si los senderos están llenos de barro y patinan.

Miradores Los Cóndores y Las Águilas: espectaculares, rápidos y los bastones sobran
Estos son miradores súper tranquis que te sacás de encima en un par de horas, con distancias cortitas y unas vistas inmensas del pueblo y las montañas. Es la opción ideal de “quiero llevarme la magia de El Chaltén pero sin sacrificar mi esqueleto en el intento”.
Yo me mandé al Mirador de los Cóndores nuestra primera tarde y fue el “bienvenido a El Chaltén” perfecto: cortito, empinado y con tremenda recompensa. Estábamos compitiendo contra la caída del sol igual que medio pueblo, y en 45 minutos el valle se nos abrió con una vista panorámica de esas que te hacen olvidar que estás sudando la gota gorda.
Acá los bastones son súper opcionales, a menos que:
- Haya puro barro o manchones de hielo.
- Los uses porque tu rodilla te pide piedad en todas las bajadas, por más chicas que sean.
- Lleves un lente que pesa 4 kilos y quieras más estabilidad.
El comodín: el clima (la Patagonia se ríe de tus planes)
El clima te cambia todas las reglas del juego. El mismo sendero puede sentirse fácil, normal, o dejarte pensando “¿en qué quilombo me metí?” dependiendo de cuánto viento, barro, nieve y visibilidad te toque enfrentar.

Bastones sí vs. bastones no: la posta sin filtro (y sin juzgar)
Vamos a ser honestos. Hay motivos re válidos por los que algunos no sueltan los bastones ni para dormir, y motivos igual de reales por los que otros prefieren no verlos ni en fotos.
Por qué vas a amar los bastones en El Chaltén
- Te sentís mil veces más firme en las piedras sueltas y el piso desparejo.
- Las bajadas no te asesinan las rodillas ni los cuádriceps.
- Podés meter caminatas larguísimas y estar más entero al día siguiente.
- Te dan seguridad cuando el cansancio te pega (justo cuando uno es de tropezarse de la nada).
Por qué los vas a odiar
- Te gusta tener las manos libres, simple y llanamente.
- En las zonas de piedras grandes sentís que son un estorbo y se enganchan en todas partes.
- Viento furioso + bastones = parece que estás haciendo malabares.
- No tenés ganas de laburar más con los hombros y los brazos de lo necesario.
- Vivís sacando fotos o tomando mate y te vuelve loco tener que andar soltando y agarrando equipo.
Esto no es una decisión moral, es pura logística. Si los bastones te ayudan a disfrutar el día y bajar riesgos, mandale. Si te vuelven torpe y te fastidian la vida, dejalos —o alquilate un par solo para ese trekking rompepiernas.
Comprar o alquilar: ¿qué conviene en El Chaltén?
Si venís en avión de otro país y querés mantener la vida fácil y sin tanto equipaje, alquilar en El Chaltén es la movida más común y es súper sencillo. Si ya tenés tus propios bastones y los amás, traerlos desde casa siempre va a ser más cómodo y sabés que no fallan.
Aparte, El Chaltén es chiquitito y genial por eso. Nuestro hospedaje (Vertical Lodge) estaba a dos pasos de la terminal, lo que hizo que todo —desde alquilar equipo hasta salir volando para los senderos— fuera absurdamente fácil. Si estás dudando, alquilarte unos solo para tu caminata más bestial es un experimento que sale dos mangos.
Guía rápida de qué hacer
| Sos alguien que… | Mejor opción | Por qué |
|---|---|---|
| Solo va a caminar en El Chaltén una sola vez | Alquilar | Ni te gastes en viajar con fierros en la valija |
| Va a recorrer media Patagonia | Traerlos / Comprarlos | Mejor calce, ya los conocés y no te van a dejar a gamba |
| No está seguro de si le gustan los bastones | Alquilalos solo para los días pesados | Probalos un día antes de casarte con la idea |
| Camina en temporada baja (otoño/primavera) | Alquilar o traer + evaluar crampones | La nieve y el barro te cambian todo el escenario |
| Lleva peso de sobra en la espalda | Traer / Alquilar | Compartir el peso y no perder equilibrio acá es clave |
Alquilar en el pueblo (en qué fijarte)
El Chaltén está lleno de locales que te alquilan bastones y otro equipo de montaña. Hasta los guías locales te tiran la de alquilar para que vengas más liviano. Vas a encontrar bastones básicos y los desarmables copados tipo LEKI que se alquilan por unidad. Así, alquilar “solo para el día más duro” es una papa.
Antes de salir caminando por la puerta del local:
- Fijate bien en las trabas (las de cierre fácil o a rosca tienen que quedar durísimas).
- Achicalos y estiralos con peso encima un par de veces para ver que no se hundan cuando te apoyás.
- Revisá las puntas y rosetas (pedí que te pongan rosetas si hay pronóstico de nieve/barro fulero).
- Chequeá que las correas de las manos no te raspen y se ajusten bien.
- Si medís dos metros o sos muy bajito, asegurate de que lleguen a tu medida sin zafarse.
Los precios acá cambian todos los días por la inflación. Averiguá los mangos que cuesta apenas llegues.
Cómo elegir bastones (sin volverte loco con tecnicismos)
Si te los vas a comprar, no necesitás el modelo mágico de fibra de carbono que pesa tres gramos. Necesitás algo que se la banque y que encaje con tu forma de caminar.
La gran duda: ajustables vs fijos
Para El Chaltén, los bastones ajustables suelen ser la mejor jugada por lejos, porque te los podés acortar un toque para la subida y estirarlos para tener más apoyo en la bajada.
Plegables en “Z” vs telescópicos
- Los plegables (en “Z”) no ocupan nada de lugar y los armás en dos segundos; son un golazo para viajar y meterlos rápido en la mochila chica.
- Los telescópicos tienen más margen de ajuste y a mucha gente le resultan más resistentes a los golpes.

Matriz rápida de compra
| En qué fijarte | Dále bola si… | Por qué importa |
|---|---|---|
| Traba que no te falle jamás | Los vas a cargar con peso en las bajadas | Un bastón que se achica de la nada es comprarte un pase directo al piso |
| Mangos cómodos (corcho o goma eva) | Sos de mandarte caminatas de 8 horas | Las ampollas te arruinan el día |
| Correas que no te corten la circulación | Querés cansar menos los dedos | Usar bien la correa es el secreto para no cansarte las manos |
| Que no pesen una tonelada | Odiás andar acarreando equipo | Cuanto más livianos, más fácil convivir con ellos |
| Que se banquen los golpes | Sos medio bruto con tus cosas | A las piedras de la Patagonia les importa cero lo caro que te salió el equipo |
| Puntas o rosetas cambiables | Caminás en todo tipo de terreno | El barro, la nieve y la roca piden configuraciones distintas |
Medidas del bastón: la regla de oro
La regla general para que te queden bien es que, cuando apoyás la punta del bastón en el piso al lado de los pies, el codo te tiene que quedar doblado a 90 grados, con el mango a la altura de la cadera. Tomá esto como tu base, no es que si te pasás un centímetro te va a ir mal.
Cómo ajustar los bastones para los terrenos de El Chaltén
Las pequeñas calibraciones hacen una re diferencia a lo largo del día.
| Terreno | Ajuste de los bastones | Qué estás buscando lograr |
|---|---|---|
| Sendero plano o tramos ondulados | Normal (codo a 90 grados) | Marcar un ritmo constante y buena estabilidad |
| Subida empinada que no afloja | Un toque más cortos | Mantener los hombros relajados y apoyar cerquita del cuerpo |
| Bajada vertical y rompe-rodillas | Un poco más largos | Lograr frenos extras y puntos de balance sin encorvarte |
| Pedreros y escalones gigantes | Por lo general más cortos | Tener control total y apoyarlos súper rápido |
| Terreno embarrado o que patina | Normales o apenitas más largos | Quedarte parado sin tener que estirarte de más si resbalás |
| Zonas de mucho viento expuestas | Normales o apenas cortos | Poder clavarlos rápido y firme cerca de las piernas |
El “chequeo de cordura” de 2 minutos antes de salir
- Caminá 30 segundos en plano y fijate que los codos vayan re relajados (nada de ir encogiendo los hombros como si te estuvieras defendiendo).
- Moví un poco las muñecas para confirmar que las correas te sostienen la mano, así no tenés que ir agarrando el bastón como si se fuera a escapar.
- Clavá los bastones al lado de tus pies un par de veces; si sentís que te estás estirando mucho, achicalos un poco.
- Hacé tres “mini bajadas” en alguna lomita cerca del inicio del sendero: estiralos un pelín, clavá, da el paso abajo, repetí.
- Si sentís que se hunden o resbalan hacia adentro aunque sea un milímetro, arreglá las trabas ahí mismo antes de que sea tarde.
Cómo usarlos para que sirvan posta (y no parecer un robot torpe)
Usá bien las correas (esto importa muchísimo)
Si vas apretando los mangos con furia asesina, te van a arder los antebrazos en la primera hora y vas a odiar los bastones de por vida. Las correas están justamente para que la mano descanse.
Si te ponés mal las correas, vas a pasarte el día con los nudillos blancos y preguntándote por qué te duelen los brazos como si estuvieras batiendo mezcla. Cuando las ponés bien, las manos se aflojan, y ahí es donde el bastón deja de ser un estorbo y se vuelve una ayuda tremenda.
La técnica clásica para no fallar:
- Pasá la mano por adentro de la correa desde abajo hacia arriba.
- Dejá que la cinta te sostenga el peso de la muñeca y la palma.
- Agarrá el mango suavecito, no hace falta estrangularlo.
La idea es ir con un “agarre apoyado”, no con un “apretón de estrés”.
Apoyá cerca, no a dos metros
Clavá las puntas de los bastones más o menos a la altura de tus pies, no allá lejos adelante tuyo. Estirarte demasiado te hace perder estabilidad y es número puesto para que se te traben en alguna piedra.
En las bajadas: pensalos como “dos pies extra”
Acá es donde le sacás el jugo a la inversión. Apoyalos un poquito adelante y a los costados, y recién ahí da el paso hacia abajo. Estás armando un triángulo de estabilidad con tu propio cuerpo. Esto te salva la vida en esos escalones de roca enormes donde la pisada nunca es fija.
En las subidas: usalos para equilibrarte, no a pura fuerza
Cuando la pendiente es una tortura, te ayudan a ir derecho y no perder el ritmo. Pero no tenés que ir agarrándote de la montaña tirando para arriba como si estuvieras remando en un bote. Pensá en “apoyo y cadencia”, no en un “ataque a la cumbre a pura tracción de brazos”.

Errores de principiante (y cómo zafar)
“Mis bastones se la pasan trabándose en las piedras”
Achicalos un poco cuando pases por los pedreros grandes y claválos más derechos. Otra cosita: no los mandes de una en las grietas obvias de las piedras, a menos que tengas ganas de frenar de pecho contra el suelo.
“Me re duelen las manos”
Revisá si el mango no es muy chico para tu mano, cómo armaste la correa, y si no estás apretando demasiado. Los mangos de espuma o corcho perdonan bastante más si sos de transpirar.
“Me siento re torpe y trabado caminando con esto”
Probalos en un sendero fácil o yendo a algún mirador corto antes de usarlos en el día más bravo del viaje. La onda es que el cuerpo agarre memoria muscular, no ponerte a improvisar pasos de baile en plena bajada de ripio suelto.
¿Y qué onda los bastones y el “No Deje Rastro”?
Los bastones son re útiles, no hay duda. Pero si no tenés cuidado, rayan todas las piedras, hacen agujeros en las plantas que tardan décadas en crecer, y destrozan los senderos si están embarrados. Las guías de “No Deje Rastro” te piden que bajes tu impacto al mínimo, sobre todo con barro, y recomiendan encajarles los taponcitos de goma si vas a caminar sobre mucha roca para no dejar marcas blancas por todos lados.
El Chaltén es increíble porque todavía es puro paisaje virgen. Mantenelo así, por favor:
- Mandales las puntitas de goma si ves que estás rayando mucho (clave en las zonas de roca pelada).
- No te salgas jamás de las huellas marcadas.
- Si hay una zona con mucho barro, metete nomás al barro. No andes bordeándolo porque terminás ensanchando el sendero a lo loco.
- Prestá atención cuando pases cerca de otros (los bastones vuelan para todos lados, y a las rodillas del prójimo no les divierten los pinchazos traicioneros).
Temporada baja + bastones: cuando pasan de “estaría bueno” a “sos un crack”
Si andás caminando en otoño o primavera, es casi seguro que te vas a cruzar con parches de nieve, flor de barro, o zonas con hielo —sobre todo cuando llegás a las partes altas o en las últimas subidas matadoras. Los que manejan el parque avisan clarito que estas joyitas de la naturaleza aparecen al final de rutas como Laguna de los Tres o Pliegue Tumbado, donde esas laderas rocosas se ponen picantísimas.
Con ese panorama, los bastones te salvan con dos cosas fundamentales:
- Te dan muchísimo más agarre cuando el piso parece manteca.
- Te ayudan a dar cada paso con más cabeza, un golazo si la niebla te deja ciego.
¿Se pueden subir los bastones al avión?
Las reglas cambian según a qué país vayas y según qué tan perseguido esté el loco de seguridad cuando mira las puntas de tus bastones. En EE.UU. (TSA), te dejan meter los que tienen punta redonda en el equipaje de mano, pero si tienen puntas agresivas de metal van derechito a despachar en la bodega.
A nivel internacional, esto es tirar los dados. Si querés zafar de los malos tragos en el aeropuerto:
- Mandalos de una a la valija grande despachada si podés.
- Usá esos tapones de goma para tapar las puntas.
- Si tu idea es viajar modo mochila minimalista, ni te calientes y alquilá en El Chaltén; es lo más simple.
El veredicto posta (sin dar vueltas)
Entonces… ¿necesitás bastones de trekking en El Chaltén?
Sí… para algunas caminatas puntuales y dependiendo de cómo responda tu cuerpo.
No… para otras rutas y si sos alguien que vuela en la montaña.
Y un gigantesco “capaz que sí” para el que piensa que la rompe caminando hasta que en el kilómetro nueve la gravedad le toca la puerta para cobrar.
Si te vas a meter a hacer las caminatas monstruo (Fitz Roy / Pliegue Tumbado), si venís cuando hace más frío, si tus rodillas ya te pasan factura seguido, o si querés mandarte todos los trekkings seguidos, llevar bastones es usar la cabeza. Si te lo vas a tomar con soda, viendo miradores y caminatas de media tarde, la verdad es que podés vivir sin ellos.
Nuestra gran lección de toda esta aventura en El Chaltén es cortita y al pie: llevá encima las herramientas que te hagan falta para estar seguro y disfrutar del día. Acá a nadie le dan una medalla por andar sufriendo porque sí —salvo que te llene de orgullo estar destruido para poder pedirte el doble de comida a la noche en Senderos.

Check-list rápida antes de salir (la parte aburrida que te salva la vida)
- Fijate bien cómo están los senderos y el reporte del clima antes de comprometerte a una paliza de 8 horas.
- Meté en la mochila más comida y porquerías de las que creés que vas a comer (tu yo del futuro a la vuelta tiene un agujero en el estómago).
- Si en tu hostel o cabaña te preparan vianda (lunchbox), pedila la noche anterior para no arrancar el día estresado.
- Llevate capas de abrigo sí o sí, el viento te baja la temperatura en dos segundos.
- Arranquen temprano para los días largos (la luz del sol acá es oro puro).
- Si vas con bastones: pegales una mirada a las trabas, puntas, correas, y dejalos a medida antes de que arranque lo empinado.
- Si la cosa viene muy patinosa: evaluá llevar crampones chiquitos además de bastones, no vivas de la ilusión mágica de no resbalarte.
Preguntas Frecuentes sobre Bastones en El Chaltén: Qué llevar, cuándo los vas a necesitar, y cómo usarlos sin parecer una jirafa recién nacida
¿Necesito bastones para el Fitz Roy (Laguna de los Tres)?
Tal vez. No porque no se pueda subir sin ellos a pura garra, sino porque esa última pared de piedra empinada y la bajada eterna de la vuelta son los lugares donde los bastones te salvan las papas, sobre todo si estás roto de cansancio, patina todo, o tus rodillas empiezan a quejarse fuerte.
¿Hacen falta para Laguna Torre?
Puede ser. Si te gusta mantener un paso firme, querés una ayuda copada para el tramo final de vuelta al pueblo, o venís de hacer una caminata asesina el día anterior, re sirven. Si te la bancás bien en terreno irregular y preferís llevar las manos sueltas, podés ir sin nada y estar bárbaro.
¿Valen la pena si solo hago Los Cóndores o Las Águilas?
Casi seguro que no. Son senderos cortos y de poca dificultad. Pero si está puro barro, escarchado, o sos de los que prefieren cuidar las rodillas a muerte en cualquier tipo de bajada, nunca molestan.
¿Los bastones posta ayudan a las rodillas en las bajadas?
Sí. Totalmente. El beneficio principal que notan todos es en los descensos, donde actúan como frenos extras y le sacan muchísimo laburo al cuerpo de la cintura para abajo.
¿Me van a hacer caminar más rápido?
Puede ser, pero ojo que eso es un arma de doble filo. Te dan ritmo y confianza, y eso te puede acelerar sin que te des cuenta. Si te quemás las piernas al principio por ir muy rápido, lo pagás carísimo a la vuelta. La Patagonia siempre te pasa la factura.
¿Son un fastidio con el viento terrible de allá?
A veces sí, son un clavo. Si el viento está indomable y tenés que andarte sacando y poniendo la campera, los sentís como un estorbo gigante. La posta acá es clavarlos bien cerquita del cuerpo y usarlos solo para tener estabilidad y no volarte, no trates de ir más rápido.
¿Llevo uno o los dos?
Los dos. Usar el par te da simetría, buena base de apoyo, y te bancan mil veces mejor en las bajadas bravas. Uno solo puede sumar algo, pero los dos son el upgrade posta de la caminata.
¿Cómo es la mejor forma de ajustarlos para bajar?
Apenitas más largos que como los tenés puestos para terreno plano. Buscás estirarlos un poco para que te logren frenar sin obligarte a ir encorvado mirando a dónde vas a pisar.
¿Cómo uso bien las correas?
Pensalo así: “la correa te sostiene la mano, la mano apenas agarra el mango”. Si vas apretando todo con los nudillos blancos de la fuerza, te vas a cansar en un toque y no vas a entender para qué cornos los llevaste. Ajustá la correa para que te banque el peso del brazo relajado.
¿Se pueden alquilar en El Chaltén?
Sí, recontra. Está lleno de locales que te los alquilan, y es por lejos la movida más inteligente si no querés andar cargando cosas molestas en el avión o el micro.
¿Los llevo desde casa o los alquilo allá?
Si caminás a lo loco seguido y amás a tus bastones, traelos. Si no estás convencido, alquilar uno o dos días es la prueba perfecta. Y si buscás viajar ligero, alquilar allá te salva la vida.
¿Fibra de carbono o aluminio, cuál es mejor?
Depende de cada uno. El carbono es divino porque es re liviano, pero no aguanta tantos palazos bruscos en la piedra. El aluminio suele ser más guerrero para maltratarlo. Sinceramente, para el 90% de nosotros, que el bastón tenga trabas confiables y sea cómodo importa mil veces más de qué está hecho.
¿Los bastones arruinan los senderos?
Pueden hacerlo. Tratá de ser consciente cuando haya mucho barro (pisá el barro, no te pongas a abrir el sendero por los costados clavando todo) y fijate si rinde ponerles las puntitas de goma para no andar rayando o marcando las rocas a cada paso. Usalos para ayudarte, no como picos de minero.
¿Y si directamente no quiero usarlos? ¿Qué hago?
Nada, no estás al horno. Invertí en muy buen calzado que agarre bien, marcá tu propio ritmo sin apurarte, frená cuando las piernas no den más, y andá con cuatro ojos en las bajadas bravas. Si vas en temporada de frío, unos buenos crampones importan muchísimo más que los bastones —aunque claro, el bastón siempre te va a sumar para el equilibrio final.
Una nota de Samuel: Escribimos esta guía originalmente en inglés basándonos en nuestros viajes. Como amamos la Patagonia, usamos herramientas de traducción para pasarla al castellano rioplatense y compartir nuestros datos con la comunidad hispanohablante. Si notás alguna frase rara o creés que nos faltó usar algún término bien local, ¡dejalo en los comentarios! Hacemos lo mejor que podemos para que la info sea útil para todos.
Proyecto 23 Argentina: Este artículo también está disponible en inglés. [Read the original English version: Do You Need Trekking Poles in El Chaltén? Real Lessons From Our Hikes]
