Dejemos algo en claro desde el vamos: no necesitás un guía para hacer trekking en El Chaltén. La “Capital Nacional del Trekking” está armada literalmente para el que le gusta mandarse por su cuenta. Los senderos arrancan ahí nomás, en el borde del pueblo, los caminos son a prueba de despistados con carteles marcando cada kilómetro, y en pleno verano tenés la red de seguridad de cruzarte con otros mochileros todo el tiempo.
A nivel logística, es una papa. ¿Físicamente? Bueno, ese es otro cantar.

Cuando con Audrey caímos al Parque Nacional Los Glaciares para quedarnos seis noches, no llegamos como montañistas experimentados con el equipo impecable. Llegamos como dos personas que se pasaron las últimas semanas priorizando las empanadas y la birra artesanal por sobre el cardio. De hecho, a Audrey ya no le entraban los jeans, así que andaba a puro modo calza elástica. Yo, por mi parte, estaba abrazando un estado de “redondez extrema”. Veníamos morfando como chanchos por toda la Patagonia y necesitábamos mover el esqueleto de manera urgente.
Esta no es la típica guía estéril de senderos escrita por un ultramaratonista que sube montañas corriendo antes de desayunar. Este es un manual de supervivencia para el que viaja por la suya, escrito por dos autoproclamados “trekkers truchos”. Aprendimos a los golpes que hay una diferencia abismal entre un sendero fácil de navegar y uno del que es fácil salir vivo.
Si querés saber qué se necesita realmente para domar al Monte Fitz Roy y al Cerro Torre a tu manera —metiendo en la bolsa los vientos brutales de la Patagonia, los accidentes en la ruta y la necesidad absoluta de clavarte días de recuperación de altas calorías— estás en el lugar indicado.

Cómo llegar a El Chaltén: La puerta de entrada al paraíso del trekking
Antes de poner un pie en la montaña, primero tenés que llegar a El Chaltén. El viaje en sí es un espectáculo visual que te va cebando minuto a minuto.
Logística del viaje en micro y primeras impresiones
Hicimos el tramo desde El Calafate hasta El Chaltén en bondi. Viajamos con la empresa Chaltén Travel y gatillamos unos 1.000 pesos (que en ese momento eran unos $16 USD) por cabeza para el viaje de tres horas. La ruta es una locura total, con vistas de postal, aguas turquesas y paisajes tan salvajes que sentís que pagaste un tour VIP. Posta, te vuela la cabeza.
A mitad de camino, el micro hace una parada recontra práctica en el Hotel La Leona. Este parador histórico es el lugar ideal para estirar las piernas, ir al baño (que es gratis si consumís algo, o te cobran dos mangos si no) y bajarte algún snack antes de encarar el resto de la ruta.
Cuando llegás a El Chaltén, lo primero que notás es lo compacto y lleno de vida que es. Tiene esa vibra de pueblo de frontera, como un pequeño oasis de colores rodeado de inmensos paredones de roca. A diferencia de El Calafate, que está mucho más armado, El Chaltén se siente más salvaje. Como el pueblo está metido de lleno adentro del Parque Nacional Los Glaciares, nuestro micro paró primero en el centro de visitantes antes de dejarnos en la terminal. Ahí los guardaparques te cantan la justa con las reglas del lugar y te dan los mapas necesarios para que salgas a patear la montaña totalmente por tu cuenta.
Nuestra base de operaciones para la semana fue el Vertical Lodge, ubicado a un par de cuadras de la terminal. Por $54 dólares la noche con desayuno incluido, la verdad que superó nuestras expectativas. La habitación era enorme, con una cama king, un escritorio para editar videos y un baño gigante con bidet y bañera —un mimo al alma total para remojar las piernas destruidas después del trekking.
Falta de internet y los precios de la comida
Si te estás armando el viaje vos mismo, tenés que mentalizarte para dos realidades logísticas medio duras de El Chaltén: el tema del súper y el internet.
No esperes encontrarte con hipermercados acá. La variedad de comida es hiper limitada y te arrancan la cabeza con los precios. Pagamos más o menos un dólar por manzana, que en ese momento eran unos 40 pesos. Si sos fanático de las frutas y verduras frescas, olvidate, no hay mucho de dónde elegir. Muchos viajeros recomiendan hacer las compras en El Calafate y llevar todo en el micro, un consejo que ojalá hubiéramos tomado más en serio.
Segundo, internet es básicamente un mito urbano en este lugar. Los datos móviles están pintados y el Wi-Fi de los hoteles se cae cada dos por tres. Estuvimos toda una tarde intentando pasar un pago básico con tarjeta para la habitación y nos rebotaba. Hay Wi-Fi gratis en la plaza central si tenés la paciencia de sentarte ahí a buscar señal, pero hablando en serio, viniste hasta acá para hacer trekking y disfrutar de la naturaleza. Tomate esta falta de conexión como un detox digital obligatorio.

Qué hacer en El Chaltén: Guía de los mejores senderos y dificultades
Para darte una mano a armar tu propio itinerario, acá tenés un resumen rápido de cómo encarar el trekking en la zona dependiendo de lo que busques y de tu estado físico.
| Sendero / Actividad | Distancia / Tiempo | Dificultad | ¿Necesita Guía? | Ideal para… |
|---|---|---|---|---|
| Mirador de los Cóndores | 1 km (45 min subiendo) | Fácil (pero empinado) | No | El día de llegada, ver el atardecer, calentar las piernas. |
| Laguna Torre (Cerro Torre) | 18 km (ida y vuelta) | Intermedia | No | Caminata escénica, variada y con poco desnivel. |
| Laguna de los Tres (Fitz Roy) | 20+ km | Difícil (El último KM te destruye) | No | La foto clásica de la Patagonia. Exige estar en muy buen estado físico. |

Ruta 1: Entrando en calor en el Mirador de los Cóndores
Re manijas por aprovechar al máximo nuestra primera tarde, decidimos mandarnos al Mirador de los Cóndores, un sendero corto pero con buena pendiente justo en la entrada del pueblo.
Si venís en diciembre como hicimos nosotros, vas a tener la yapa de la luz patagónica infinita del verano. Amanece tipo 5:00 AM y el sol no cae del todo hasta las 22:00 o 22:30. Esto te da una ventana de tiempo espectacular para hacer cualquier ruta.
Arrancamos a eso de las 18:47, sabiendo que el atardecer oficial era recién a las 21:45. Te toma unos 45 minutos llegar arriba desde el centro del pueblo. Es solo un kilómetro de largo, pero no te dejes engañar por la distancia —es medio empinadito y a Audrey le empezaron a quemar las piernas enseguida.
Igual, la recompensa es tremenda. A medida que trepábamos, más se iban destapando las cadenas montañosas de fondo. Tenés unas vistas a vuelo de pájaro de todo el pueblo pintado de colores ahí abajo, brillando con la última luz del día. Es la presentación perfecta de El Chaltén y te deja una primera impresión espectacular de lo que se viene.

Ruta 2: El desafío final – Trekking a la Laguna de los Tres (Monte Fitz Roy)
Después del trekking de ablande, nos levantamos con un día en el que no había ni media nube en el cielo. Ya desde el pueblo, el primer vistazo del Monte Fitz Roy era una locura. Había llegado la hora de encarar a la joya de la corona de El Chaltén: la Laguna de los Tres.
Esta caminata nos puso a prueba en serio. Sabíamos que se venía un día épico de más de 20 kilómetros, así que nos bajamos todo en el desayuno del hotel a las 6:30 AM (casi todos los hospedajes sirven temprano porque saben que la gente arranca con el alba). Un consejo clave: no cometas la novatada nuestra de dejar el mapa del sendero en la mesita de luz. Por culpa de eso tardamos un montón en encontrar la entrada al sendero; nos avivamos tarde de que teníamos que caminar por la San Martín hacia el norte hasta ver los carteles. Terminamos pateando como 45 minutos solo para cruzar el pueblo desde el hotel hasta el inicio de la ruta.
Viandas para el sendero: Comida lista para arrancar
Una de las mejores cosas de la movida mochilera en El Chaltén es que casi todas las hosterías te preparan viandas (lunchboxes) para llevar. Como en nuestro hotel no había cocina compartida ni heladerita, esto nos salvó la vida.
Por lo general dejás el pedido la noche anterior, y por el equivalente a unos $10 USD (un poco salado para Argentina, pero rinde por la comodidad), al otro día tenés tu morfi listo. Mi vianda venía con una manzana, una barrita de cereal, un muffin y una banda de caramelos. Audrey se pidió una ensalada de arroz contundente, llena de zanahoria, huevo, repollo, tomate y pedazos enormes de queso.
Obvio, yo en mi modo glotón absoluto me bajé casi todo mi sándwich a los 20 minutos de arrancar, tipo 9:00 AM. ¡Cuando estás en la montaña, el hambre te pega temprano!
El tramo inicial hacia la Laguna Capri
Una de las genialidades de hacer trekking en El Chaltén es la señalización. Tenés estacas marcando cada maldito kilómetro. Eso te sirve como un medidor constante para saber cómo venís. Si vas a buen ritmo, podés desviarte a otros miradores; si vas arrastrando los pies, sabés exactamente cuánta agonía te queda para volver al pueblo.
La subida hasta la Laguna Capri (más o menos por el kilómetro cuatro) es una locura de linda. En el camino hasta llegamos a ver tres cóndores majestuosos dando vueltas sobre nosotros. Una vez que pisás el campamento en Laguna Capri, te reciben unas vistas monumentales del Monte Fitz Roy. La montaña se levanta tan perfecta que parece hecha por computadora —lejos, la montaña más increíble que vimos en nuestra vida.
En este punto, tenés que tomar una decisión. Podés pegar la vuelta al pueblo haciendo el circuito de los miradores, o seguir para la Laguna de los Tres. Pero el Fitz Roy nos estaba mirando fijo, llamándonos por nuestros nombres. Nos creímos trekkers de pura cepa por un día y decidimos mandarnos para adelante.

La pesadilla del Kilómetro 9 en el Fitz Roy
Veníamos metiendo un tiempo bárbaro. El sendero desde la Laguna Capri hasta el kilómetro ocho es súper escénico, sorprendentemente llano y se lo considera de nivel intermedio. Mientras tengas un estado físico normal, es una caminata súper disfrutable.
Pero de repente, te topás con el Kilómetro 9.
Este es el kilómetro más largo, jodido y brutal de toda la ruta. Los caminos fáciles desaparecen y le dejan el lugar a una subida empinada, llena de piedras y ripio. Acá es donde se arma el embudo. Todo el mundo está liquidado, el terreno resbala y tenés que estar súper atento. Si te estás mandando por tu cuenta, clavarte unos bastones de trekking acá es la mejor idea del mundo.
Las piernas nos ardían. Lo único que nos mantenía en movimiento era el aguante que nos tiraba la gente que ya venía bajando, prometiéndonos que la vista allá arriba valía todo el sufrimiento.
La cima y el durísimo descenso
Liquidados, llenos de adrenalina y muertos de hambre, por fin coronamos la cima y nos topamos con la Laguna de los Tres. Ese agua de un azul rabioso descansando a los pies de las torres dramáticas del Fitz Roy fue, por afano, la vista más impresionante de toda la semana.
Igual, la realidad de la Patagonia nos cacheteó al toque. El viento en la cima era feroz, de no creer. Literalmente nos tuvimos que refugiar atrás de una roca gigante para taparnos de las ráfagas y poder comer la última barrita de cereal y un par de caramelos.
Y después llegó la bajada. Si no sos de salir a la montaña seguido o no venís entrenando las piernas, acá es donde la montaña te quiebra. Ese único kilómetro de ida y vuelta nos pareció más agotador que los primeros nueve kilómetros juntos. Durante el descenso, estábamos en modo zombi total. Nos latían los pies y nos dolía tanto todo que tuvimos que parar a descansar solo por la pura fatiga muscular.
En un momento, empecé a fantasear en serio con lo que sería que me bajaran de la montaña en una silla de manos. Hasta jodíamos con llamar al número de emergencias a ver si nos venían a buscar en helicóptero. Estábamos totalmente fuera de nuestro elemento, de nuestra liga y de nuestro nivel de estado físico… pero sobrevivimos.
El día de recuperación obligatorio post-trekking
Si sos un aventurero medio trucho como nosotros, no planees rutas heavys en días consecutivos. El día después de meterle más de 20 kilómetros al Fitz Roy fue un descarte total. Estábamos tan absurdamente duros que casi ni salimos de la habitación del hotel. Dormimos entre 10 y 12 horas de corrido, necesitábamos alejarnos del trekking, de las cámaras y básicamente de la vida misma. El cuarto día trajo unos vientos horribles, de esos que te tiran al piso, lo cual nos vino de diez como excusa perfecta para clavarnos todo el día en una cafetería.
Fitz Roy vs. Laguna Torre: ¿Cuál trekking elegir?
Una vez recuperados, encaramos el segundo sendero más famoso: la Laguna Torre. Acá tenés un mano a mano de cómo se comparan estos dos monstruos.
| Características | Laguna de los Tres (Fitz Roy) | Laguna Torre (Cerro Torre) |
|---|---|---|
| Distancia Total | 20+ km | 18 km |
| Desnivel | Bestial (Subida muy empinada en el KM 9) | 250m (La mayoría en los primeros 3 km) |
| Onda del Sendero | Cuello de botella de gente, te mata físicamente. | Relajado, paisajes variados, vas rápido. |
| La Vista Final | Insuperable, un nivel de drama que parece CGI. | Hermosa, pero dependés 100% de que esté despejado. |
| Nuestro Veredicto | La caminata más espectacular que hicimos en la vida. | La experiencia de trekking más disfrutable en general. |

Ruta 3: Un paseo relajado hacia la Laguna Torre
Para el quinto día, ya con las piernas un poco más vivas y el clima perfecto acompañando otra vez, nos preparamos para el circuito de 18 kilómetros hasta la Laguna Torre. Como queríamos terminar este trekking sintiéndonos bien, nos hicimos la promesa de no mandarnos más allá de la laguna principal.
Esta caminata fue otra historia completamente distinta, un paseo en el parque comparado con la paliza del Fitz Roy.
El bosque embrujado y el accidente de la vianda
El sendero a la Laguna Torre tiene un desnivel recontra bajo de solo 250 metros. Casi toda esa subida pasa en los primeros tres kilómetros, pero está llena de miradores espectaculares que te hacen zafar. Al principio nomás, nos regalaron unas vistas de la Cascada Margarita, una caída de agua imponente rompiendo contra el río allá abajo con una fuerza bestial. Era tan instagrameable que no podíamos soltar las cámaras.
Por el kilómetro dos, ya tocaba otro “mini-almuerzo”. Lamentablemente, la logística de montaña nos jugó en contra otra vez: el tupper de la ensalada se nos rompió adentro de la mochila. Para evitar un desastre de huevo y arroz manchando todo el equipo, nos tuvimos que clavar las ensaladas ahí mismo en el medio de la nada.
Una vez que pasás el kilómetro tres o cuatro, el camino se vuelve una llanura total. Te encontrás caminando por un valle enorme y chato con un glaciar colgante en el horizonte, que te mantiene manija todo el viaje. Atravesamos un tramo que parecía un bosque embrujado y después pasamos a zonas con árboles gigantes y pura sombra.
El camino importa más que el destino
Lo que hace que la Laguna Torre sea tan especial para el que viaja por su cuenta es la paz que hay. No está ni a palos tan lleno de gente como el sendero del Fitz Roy. Hay partes donde no te cruzás ni a un loro, y podés conectar con la naturaleza de verdad.
Como sabíamos que no había ningún kilómetro 9 esperándonos para arruinarnos las rodillas, no había ningún apuro. Fuimos súper relajados, tomándonos nuestro tiempo, saltando como cabritos por encima de las ramas secas y disfrutándolo a pleno.
Metimos un tiempo bárbaro cruzando el valle llano. Sin embargo, cuando llegamos a la Laguna Torre, la Patagonia nos dio una buena cachetada de realidad: los icónicos picos del Cerro Torre estaban tapadísimos de nubes espesas. Sin la luz del sol, el agua de la laguna se veía turbia, como un tazón gigante de café con leche, con un par de cristalitos de hielo flotando en la orilla.
Le faltaba ese efecto de “fua” que tiene el Fitz Roy. Pero la verdad, ni nos importó. Como experiencia de senderismo, la Laguna Torre fue mil veces más disfrutable. Acá la posta fue el viaje, no el destino final.
Chusmeamos un rato el campamento De Agostini que está ahí nomás, miramos a la gente preparándose unos fideos instantáneos en los calentadores de campamento, y de golpe nos dimos cuenta de que estábamos muertos de hambre. Motivados 100% por el estómago vacío y la idea de clavarnos una cena épica, liquidamos los 9 kilómetros de vuelta en apenas dos horas y veinte. Nada nos iba a frenar; guardamos las cámaras y nos pusimos en modo misión de comida. Y la mejor parte: ¡esta vez ni nos dolieron las piernas al terminar!

Dónde comer en El Chaltén: Guía gastronómica post-trekking
Si venís metiendo de 18 a 22 kilómetros por día, vas a quemar una cantidad grosera de calorías. Lo mejor de terminar un circuito caminando por todo El Chaltén es la recompensa culinaria que te espera en el pueblo. Acá te paso la data exacta de dónde fuimos a recargar nuestras pilas (y los cuerpos molidos).
1. Senderos (Para comida gourmet reconfortante)
Escondido a media cuadra de la calle principal, cerca de la terminal, Senderos es una joyita que está adentro de una hostería boutique divina. Es re chiquito —tiene solo seis o siete mesas— y sirven comida gourmet espectacular. Después de sobrevivir al Fitz Roy, caímos acá medio arrastrándonos. Yo me devoré un risotto de queso azul increíble con nueces y tomates secos, mientras Audrey se mandó un guiso de lentejas bien potente. Nos bajamos una botella entera de Syrah (haciendo una pausa rara de nuestro amado Malbec) y cerramos con unos postres zarpados: un panqueque de manzana de locos y un mousse de chocolate. Fue una comida para desabrocharse el cinturón. Volvimos al hotel casi rodando y a las 20:30 ya estábamos desmayados en la cama.
2. La Zorra (Para calmar el hambre de montaña a lo bestia)
A la vuelta de nuestra caminata en la Laguna Torre, los dos tuvimos la misma epifanía al mismo tiempo: necesitábamos hamburguesas y birra. La Zorra te saca unas hamburguesas gourmet nivel Shake Shack. Yo me pedí una picante onda mexicana llena de jalapeños, salsa y guacamole, y Audrey fue por la clásica con panceta. Acompañamos esto con unas papas fritas explotadas de queso y pedacitos de panceta, bajando todo con unas pintas increíbles de cerveza artesanal (les recomiendo fuerte la Golden Ale). Ni queríamos pensar en las calorías, y la verdad, nos importó un bledo.
3. Heladerías Artesanales y lo Dulce
Incluso después de esas hamburguesas enormes en La Zorra, fuimos derechito a una heladería artesanal en la avenida principal. Es regla: no podés hacer trekking en Argentina y no clavarte un buen helado. Nos pedimos unos cucuruchos bañados desbordando de súper dulce de leche, coco, mascarpone y pistacho.
4. La Waflería y Cúrcuma
En los días que estábamos más tranquilos, paramos en La Waflería. Los waffles gourmet estaban tan buenos que nos poníamos a jugar a las cartas y a tomar lattes a propósito para estirar el rato y pedirnos una segunda ronda. Al final, la culpa por cómo nos estaba creciendo la panza nos alcanzó, y ahí descubrimos Cúrcuma. Se volvió nuestro parador fijo para comer exactamente lo opuesto a la comida chatarra de montaña: hacían unos platos de quinoa bárbaros, verduras asadas y postres bajos en azúcar.

Veredicto final: Hacer trekking por tu cuenta en la Patagonia
Salir a la montaña en El Chaltén sin un guía no solo es facilísimo de armar, sino que es la mejor forma de vivir la experiencia. Tenés la libertad de marcar tu propio ritmo, bajarte la vianda temprano cuando te pica el bagre y llevar tu cuerpo al límite absoluto en la subida final a la Laguna de los Tres.
Si te podemos dar un consejo clave, es este: No llegues en pleno modo glotón (foodie). Si tenés en mente hacer las rutas heavys como la de la Laguna de los Tres, salí a trotar un poco antes del viaje, prepará esas piernas y llegá en tu mejor versión física.
Pero ojo, incluso si llegás siendo un aventurero medio trucho como nosotros, la belleza cruda, la escala monumental de las montañas y esos platazos épicos post-trekking hacen que cada gramo de dolor muscular valga la pena. Transpiramos la camiseta, nos la bancamos y nos ganamos esas hamburguesas con creces. Y la posta es que volveríamos a hacerlo todo de nuevo sin dudarlo ni un segundo.

Preguntas Frecuentes sobre el Trekking en El Chaltén
¿De verdad necesito un guía para hacer el Monte Fitz Roy o el Cerro Torre?
Ni a palos. La “Capital Nacional del Trekking” está armada literalmente para el que le gusta ir por su cuenta. Los senderos arrancan en el límite del pueblo y los caminos están a prueba de distraídos, con estacas marcando cada kilómetro. En verano, hay tanta gente dando vueltas que perderse es casi imposible. Ahorrate esa plata del guía y patinátela después en hamburguesas gourmet y birra artesanal.
¿Hay algún lugar para comprar comida o bebida en los senderos?
No. Una vez que ponés un pie en el parque nacional, estás por tu cuenta total. No hay cafeterías, ni maquinitas, ni kioscos en los senderos. Por suerte, casi todas las hosterías en El Chaltén te arman viandas de montaña que podés encargar la noche anterior por unos 10 dólares. Comprate una, mandala a la mochila e intentá no bajarte el sándwich a los 20 minutos de empezar a caminar como hice yo.
¿Tan malo es el internet y el Wi-Fi de verdad?
Prácticamente no existe. Los datos del celular están pintados y el Wi-Fi en los hoteles se cae cada dos minutos. Nosotros estuvimos una tarde entera renegando para pasar un pago con tarjeta para la habitación. Tomate este viaje como un detox digital obligatorio. Si estás desesperado por mandar un mensaje, sentate en la plaza del centro y rezale a los dioses de la conectividad.
¿Me conviene llevar mi propia comida o compro en los súper de El Chaltén?
Llevate todo lo que puedas. Los mercaditos en el pueblo no tienen casi nada y te arrancan la cabeza con los precios. Llegamos a pagar un dólar por una manzana. Muchos te van a tirar la posta: hacé las compras de tu comida de ruta en El Calafate y traételo todo en el micro. Si no lo hacés, vas a depender de las viandas de los hoteles, que son re prácticas, pero a la larga suman bastante plata.
¿Se puede tomar el agua de los arroyos en la montaña?
Cien por ciento. El agua de deshielo de los glaciares en este parque tiene fama de ser purísima y segura para tomar. Eso sí, fijate de cargar la botellita en los arroyos que bajan rápido y con fuerza, más arriba en el sendero, bien lejos de las zonas de acampe. Esto te salva de tener que andar cargando tres litros de agua pesadísima en la mochila todo el día.
¿Qué tan difícil es la subida a la Laguna de los Tres (Fitz Roy)?
Es brutal. Los primeros ocho kilómetros son un paseo sorprendentemente llano y súper lindo. Pero el Kilómetro 9 es una pesadilla empinada de piedra y ripio suelto que te va a hacer cuestionar todas tus decisiones de vida. Si venís flojo de cardio, la bajada pronunciada te va a hacer latir los pies y vas a empezar a fantasear con que te rescaten en silla de manos. Llevate bastones de trekking, en serio.
¿Cuál es la mejor época del año para visitar El Chaltén?
En pleno verano. Entre diciembre y febrero pega el verano patagónico y vas a tener días larguísimos. Amanece a las 5:00 de la mañana y el sol no se esconde del todo hasta pasadas las 10 de la noche. Esto te da una ventana de tiempo gigante para mandarte a las rutas largas a tu propio ritmo sin perseguirte con que se te hace de noche.
¿Tengo que llevar efectivo o los restaurantes aceptan tarjeta?
El efectivo manda. Si bien los lugares más top te pueden agarrar la tarjeta, los posnets son hiper inestables porque la infraestructura de internet es malísima. Llevate buenos billetes de pesos argentinos desde El Calafate para cubrir tus comidas, los pasajes de micro y esos antojos de emergencia de helado artesanal.
Una nota de Samuel: Escribimos esta guía originalmente en inglés basándonos en nuestros viajes. Como amamos la Patagonia, usamos herramientas de traducción para pasarla al castellano rioplatense y compartir nuestros datos con la comunidad hispanohablante. Si notás alguna frase rara o creés que nos faltó usar algún término bien local, ¡dejalo en los comentarios! Hacemos lo mejor que podemos para que la info sea útil para todos.
Proyecto 23 Argentina: Este artículo también está disponible en inglés. [Read the original English version: Hiking in El Chaltén Without a Guide: How Easy is the DIY Route?]
