La Guía de Supervivencia del “Falso Trekker” para hacer Trekking en El Chaltén, Patagonia

Imaginate esto: acabás de llegar a la indiscutible capital del trekking en Argentina. Mires por donde mires, hay montañistas de élite tallados a mano paseándose con equipo técnico, con cara de que desayunan mosquetones.

Y después… estamos nosotros.

Laguna de los Tres El Chaltén: Samuel Jeffery y Audrey Bergner celebran haber llegado tras caminar desde El Chaltén en la Patagonia, Argentina, con el lago glaciar turquesa y el Monte Fitz Roy asomando de fondo en el Parque Nacional Los Glaciares.
Tras sobrevivir al infame último kilómetro de subida, Samuel Jeffery y Audrey Bergner por fin llegan a la Laguna de los Tres en El Chaltén, parados frente al lago turquesa con el Monte Fitz Roy asomando por encima en el Parque Nacional Los Glaciares.

Audrey y yo no nos bajamos del bondi con ganas de conquistar cumbres alpinas. Llegamos en estado de “Gordo Supremo Mode” total. Nos habíamos pasado las semanas previas en un auténtico safari culinario por Argentina, atragantándonos de medialunas, bajoneando empanadas y prácticamente bañándonos en Malbec. Fue un festín glorioso, pero habíamos alcanzado un estado de “redondez extrema” indiscutible.

La cosa había llegado a una emergencia de vestuario. Audrey se dio cuenta con horror de que sus jeans habían pedido la toalla oficialmente, obligándola a un cambio permanente e innegociable a calzas elásticas por el resto del viaje. Mientras tanto, yo me iba redondeando a la par suya. No éramos atletas de élite; éramos falsos trekkers que necesitaban mover el esqueleto desesperadamente antes de convertirnos en empanadas humanas.

Así que clavamos seis noches en el Vertical Lodge, pensando que los legendarios senderos patagónicos nos iban a poner en forma por arte de magia. Spoiler: no funciona así. Sobrevivir a El Chaltén cuando venís cargando unos kilitos extra de turista gastronómico es una clase magistral de manejo del dolor, triaje de senderos y recuperación calórica a lo bestia.

Si estás leyendo esto mientras te preguntás en secreto si podés caminar hasta un glaciar sin tener que renunciar a tus hamburguesas con panceta, sos de los míos. Bienvenido a la guía oficial de supervivencia en El Chaltén para el “falso trekker”.

Capilla de los Escaladores El Chaltén: en la Patagonia, Argentina, con las famosas cumbres del Monte Fitz Roy asomando de fondo detrás de la pequeña iglesia blanca en la capital del trekking del Parque Nacional Los Glaciares.
La pequeña Capilla de los Escaladores en El Chaltén descansa bajo los picos dramáticos del Monte Fitz Roy, un punto de referencia clave en la capital patagónica del trekking donde escaladores y senderistas arrancan su viaje hacia el Parque Nacional Los Glaciares.

Cómo es El Chaltén: Logística de Frontera y Supervivencia en el Pueblo

Antes de que pises un sendero, tenés que entender la infraestructura de este rústico oasis. El Chaltén tiene una vibra muy distinta, bien de pueblo aislado y fronterizo, sobre todo si lo comparás con el lujo y desarrollo de El Calafate. Tenés que adaptarte a los ritmos únicos del lugar, o te va a masticar vivo antes de que termines de atarte los botines de trekking.

Internet y Wi-Fi en El Chaltén: El Agujero Negro de Conectividad

Olvidate de chequear el clima cada cinco minutos. Los datos móviles acá prácticamente no existen, y el Wi-Fi de los hoteles se cae a cada rato. Tardamos horas solo para que el posnet agarrara viaje y procesara el pago cuando llegamos. Si necesitás señal desesperadamente para mandar un mensaje de fe de vida a tu familia, te toca amontonarte en la plaza central y rezar para agarrar algo de conexión. Abrazá la desconexión; te obliga a mirar las montañas en vez de la pantallita.

Supermercados y Precios en El Chaltén: El Susto de la Manzana a un Dólar

Si planeás esquivar la lluvia cocinando platos elaborados en el hostel para ahorrar unos mangos, prepará la billetera. La oferta de los súper es limitadísima; parece más un almacén de ramos generales con poca mercadería. Las frutas y verduras frescas son un lujo absoluto. Nos dolió en el alma pagar casi un dólar por una sola manzana. Si podés, traete tus snacks especiales desde El Calafate, porque la variedad acá es casi nula y los precios te recuerdan el nivel de aislamiento que tiene el pueblo.

Viandas para Trekking en El Chaltén: El Brillante Truco del Hotel

Cuando te levantás tempranísimo para ganarle a la tormenta, lo último que querés es andar renegando para armar la comida del sendero. Casi todos los hoteles y alojamientos del pueblo ofrecen una vianda (“lunchbox”) ya lista. La pedís la noche anterior y te está esperando en el desayuno. Pagamos unos 10 dólares por la nuestra, que dolió un poquito, pero la comodidad no tiene precio. El combo estándar venía con una ensalada de arroz potente, llena de zanahoria, huevo, tomate, repollo y tremendos pedazos de queso, más una manzana, una barrita de cereal, un muffin chiquito y unos caramelos.

La Advertencia Crítica: Armá bien la mochila. Subiendo por el sendero, mi tupper de plástico con la ensalada se hizo pedazos adentro del bolso. Comer ensalada de arroz con mayonesa desde un cacho de plástico roto mientras te atajás del viento patagónico te forja el carácter, pero posta que es mejor evitarlo. Pasá siempre la ensalada del hotel a un tupper de verdad antes de salir.

Llegar a El Chaltén: Audrey Bergner de That Backpacker arrastrando la valija por una calle tranquila bajo los gigantescos acantilados de roca cerca de la puerta de entrada al Parque Nacional Los Glaciares.
Audrey Bergner arrastra su equipaje por una calle súper tranquila bajo las enormes paredes de roca que enmarcan la famosa capital del trekking en Argentina, cerquita del Parque Nacional Los Glaciares.

Qué Ropa Llevar a El Chaltén: El “Lavadero de Pileta” y Equipo para Desprevenidos

Instagram te muestra a los senderistas posando triunfantes en las cumbres, pero te edita estratégicamente lo que pasa en el baño del hotel a las 6:00 de la mañana. Viajar liviano a la Patagonia suele implicar llevarte solo un par de medias de lana merino de primera y unas remeras térmicas.

La realidad del falso trekker incluye pasarte la noche lavando a mano medias inmundas llenas de polvo en la pileta del hotel (o en el bidet, que por suerte nuestra habitación en el Vertical Lodge tenía). Intentar secar la ropa desesperadamente sobre un radiador antes del desayuno a las 6:30 no tiene nada de glamoroso, pero es parte fundamental del ritmo patagónico.

El Clima en la Patagonia: La Estrategia de la Cebolla

El clima patagónico te baja los humos rapidísimo. Podés tener un sol que te calcina, lluvia de costado y vientos huracanados, todo en la misma tarde. El secreto de supervivencia es vestirte como una cebolla con capas eficientes. Arrancá con térmicas de buena calidad. El algodón es tu peor enemigo: se queda mojado y te vas a congelar apenas sople el viento. Necesitás una buena campera rompevientos e impermeable. Las ráfagas que bajan por el valle pueden ser tan violentas que apenas te dejan mantenerte en pie.

Bastones de Trekking en El Chaltén: Los Salvadores de Rodillas

Para cualquiera que ande cargando un nivel de “redondez extrema” o renegando con las rodillas, los bastones de trekking no se negocian. Yo solía pensar que eran un accesorio de facha para montañistas pro, pero te sacan muchísima presión de encima en las bajadas empinadas. Fueron un salvavidas obligatorio que, por giles, dejamos en el hotel el día de nuestra caminata más dura, un error que pagamos carísimo.

Mirador Laguna Capri El Chaltén: Audrey Bergner mirando a través del agua hacia las espectaculares agujas de granito del Monte Fitz Roy en el Parque Nacional Los Glaciares, Patagonia, Argentina.
Audrey Bergner frena en la Laguna Capri para admirar los picos de granito del Monte Fitz Roy reflejados en el agua, uno de los primeros y más reconfortantes miradores en la famosa ruta de senderismo desde El Chaltén.

Senderos en El Chaltén: Triaje de Rutas y la Política del Cuello de Botella

No podés dominar El Chaltén sin encarar los senderos con estrategia. La posta está en administrar tu energía, cuidar las articulaciones y saber navegar la dinámica social de la montaña.

La Bestia: Sendero a Laguna de los Tres (Monte Fitz Roy)

Es una paliza de más de 20 kilómetros ida y vuelta. La guerra psicológica arranca con el ritmo. Durante los primeros ocho o nueve kilómetros, el sendero es bastante tranqui, pasando por los miradores espectaculares de Laguna Capri. Vas metiendo un tiempazo, tu respiración viene joya y seguro vas pensando: “¡Nací para esto! ¡Una papa! ¡Soy un montañista por naturaleza!”.

Y de golpe, llegás al kilómetro nueve. Ahí empieza el kilómetro más largo, áspero y brutal de todo el trekking: una trepada empinadísima y castigadora sobre rocas sueltas y tierra patinosa.

El Tránsito en la Montaña y la “Envidia del Sendero”

El esfuerzo físico es solo la mitad del problema; la frustración mental alcanza su pico por culpa del inevitable cuello de botella que se arma. Como el camino está llenísimo de gente y el terreno es súper difícil, no podés simplemente pasar por al lado a los que van más lento. Te toca avanzar al ritmo de la multitud, frenando y arrancando a cada rato en pendientes ridículas, lo cual es una tortura para las rodillas castigadas.

Acá es donde te pega la “Envidia del Sendero”. No hay nada más destructivo psicológicamente que frenar desesperado a recuperar el aire en una subida durísima, solo para ver cómo te pasa como si nada un pibe local de 20 años en jeans y zapatillas de lona rotas. Te toca tragarte el orgullo y seguir caminando.

La Recompensa: Sendero Laguna Torre

Si sobrevivís al Fitz Roy, Laguna Torre es tu redención. Es un circuito de 18 kilómetros que te deja en la base del Cerro Torre. Después del kilómetro final rompe-almas del Fitz Roy, la caminata a Laguna Torre nos pareció literalmente un paseo por el parque. Los primeros tres kilómetros tienen alguna que otra subida, pero después se vuelve súper llano por un valle inmenso donde podés agarrar buena velocidad. Nosotros lo hicimos en un día nublado, y aunque la laguna parecía un café con leche medio turbio y el glaciar se veía oscuro y apagado, el trekking fue de una diversidad espectacular. Atravesamos bosques tupidos de lengas milenarias que se sentían genuinamente místicos y espeluznantes, un verdadero bosque embrujado.

Sendero El Chaltén: Nomadic Samuel Jeffery frenando en la ruta para fotografiar el escarpado paisaje montañoso mientras camina por el Parque Nacional Los Glaciares.
Samuel Jeffery hace una pausa en un sendero cerca de El Chaltén para fotografiar el tremendo paisaje patagónico, capturando las vistas mientras avanza por las montañas del Parque Nacional Los Glaciares.

El “Índice de Rendición Fotográfica” en la Patagonia

Olvidate de los perfiles de elevación; la verdadera medida de lo brutal que es un sendero patagónico es el “Índice de Rendición Fotográfica”.

Cuando arrancás la caminata, sos un turista lleno de alegría. Parás cada cinco minutos para sacarle fotos a un arroyito y señalás maravillado a los cóndores andinos que dan vueltas por ahí arriba. Llegás a la cumbre, te escondés atrás de unas piedras para esquivar el viento infernal y metés esas fotos icónicas del Monte Fitz Roy.

Pero la bajada es donde se te quiebra la mente. Bajar 400 metros de desnivel empinado en un solo kilómetro te revienta los cuádriceps y los tendones de la rodilla. Para el kilómetro 16, la Rendición Fotográfica es total. Ya habíamos guardado las cámaras del todo. Dejamos de parar para admirar la naturaleza; frenábamos pura y exclusivamente por un nivel de agotamiento absoluto y un dolor muscular profundísimo. Los pies nos latían sin parar con cada bendito paso.

El dolor era tan intenso que, en los últimos kilómetros, mi cabeza empezó a alucinar activamente con escenarios de rescate. Te juro que me enganché fantaseando con lo que se sentiría que me sacaran del bosque a cococho en una silla de reyes. Literalmente me pregunté qué me dirían si llamaba a emergencias, admitía mi derrota y pedía que me sacaran del parque en helicóptero. Cuando guardás la cámara, arranca el modo supervivencia.

Matriz 1: El Índice de Rendición Fotográfica del Falso Trekker

Marca del SenderoEstado Mental del Falso TrekkerEstado FotográficoMonólogo Interno
Km 1 – 4Turista alegre y con energía.Sacándole 50 fotos al mismo árbol de lenga.“Soy un montañista natural. ¡Mirá ese pájaro!”
Km 9 (El Muro)Pulmones prendidos fuego, arrepentimiento por las empanadas previas.Cámara bien guardada para usar las manos en la trepada.“¿Por qué me acaba de pasar ese adolescente en jeans?”
Km 10 (La Cumbre)Maravillado, triunfante, cagado de frío.Tirando fotos épicas del paisaje mientras tiemblo.“Esto parece hecho en computadora. Valió cada paso.”
Km 16 (La Bajada)Falla total del sistema. Pies palpitando.RENDICIÓN FOTOGRÁFICA. Cámara asegurada en la mochila.“Llega a estar roto mi tupper de ensalada y me largo a llorar.”
Km 19 (El Final)Alucinando con operativos de rescate.Negación a mirar cualquier cosa que no sea la tierra del camino.“¿Cuántos dólares costará que me saque un helicóptero?”
Restaurante Senderos El Chaltén: Plato de ravioles gourmet con salsa de tomate y queso rallado, un menú clásico post-trekking para los que exploran el Parque Nacional Los Glaciares.
Un platazo de ravioles gourmet en el restaurante Senderos de El Chaltén, bañado en salsa de tomate y parmesano, la recompensa perfecta después de caminar todo el día por el Parque Nacional Los Glaciares.

Dónde Comer en El Chaltén: El Salto Temporal del Trekker y la Gastronomía Salvaje

Viviendo en Argentina te aprendés el ritmo del país: la cena rara vez arranca antes de las 9:30 o 10:00 de la noche. El Chaltén, en cambio, opera en un bizarro “Salto Temporal del Trekker” dictado por déficits calóricos extremos y las horas eternas de luz del verano patagónico (donde el sol sale tipo 5:00 AM y recién se esconde a las 10:30 PM).

El Hambre Feroz Post-Trekking

Cuando quemás miles de calorías peleando contra los vientos andinos y las piedras sueltas, no volvés al pueblo con ganas de comer verduritas al vapor. Volvés con un hambre primal y furiosa. El día que hicimos el trekking de Laguna Torre, teníamos pensado cenar en un lugar lindo, algo bien refinado con un buen vinito. Sin embargo, a los cinco minutos de caminar por el pueblo, el hambre salvaje tomó el control absoluto. La simple idea de sentarnos derechos en un restaurante fino nos parecía una misión imposible.

Dimos un volantazo agresivo y encaramos directo para La Zorra, una taberna con toda la onda, conocida por tener cervezas artesanales increíbles y comida chatarra salvadora de otro planeta. Nos pedimos unas hamburguesas gourmet altísimas. Yo le entré a una picante desbordada de salsa y guacamole, mientras que Audrey se clavó una hamburguesa gigante con panceta. Bajamos estos monstruos con unas papas fritas nadando en queso y pedacitos de panceta crocante, todo acompañado de unas pintas enormes.

Incluso después de consumir nuestro peso corporal en queso y carne, el hambre no aflojaba. Nos fuimos arrastrando por la calle principal hasta una heladería artesanal y pedimos cucuruchos rebalsados de súper dulce de leche, coco, mascarpone y pistacho. Fue un atracón glorioso, de proporciones épicas y rotundas.

El Apagón Biológico de 12 Horas

Cuando combinás 20 kilómetros de trekking alpino con casi un kilo de panceta, queso y birra, tu cuerpo te manda un apagón de sistema forzoso. Nos fuimos tambaleando de vuelta al Vertical Lodge en un coma alimenticio profundo y para las 8:30 PM ya estábamos desmayados en la cama.

Quedarte dormido antes de que baje el sol parece una traición a la cultura argentina, pero acá es un mandato biológico patagónico. Dormimos de 10 a 12 horas de corrido. Tus músculos exigen este descanso brutal para limpiar el ácido láctico y empezar a reparar todo el desastre.

Recuperación Boutique en Restaurante Senderos

Cuando finalmente te sentís con ganas de una noche más sofisticada, buscate Senderos. Queda a la vuelta de la avenida principal cerca de la terminal de micros, y es una joyita escondida adentro de una hostería de primer nivel con solo seis o siete mesas. Yo me devoré un risotto de queso azul y nueces con tomates secos que estaba increíble, mientras que Audrey revivió con un guiso súper potente de lentejas y vegetales. Nos bajamos una botella entera de Syrah, dándole un respiro al Malbec por una noche, y cerramos con un panqueque de manzana y un mousse de chocolate espectacular.

Matriz 2: Guía de Resucitación Calórica

El LocalLa Onda del LugarEstado Mental RequeridoLa Receta del Falso Trekker
La ZorraTaberna de cerveza artesanal ruidosa y con onda.Hambre feroz. Necesidad urgente de grasa, sal y calorías.La Hamburguesa con Panceta, papas con cheddar y panceta, y una pinta de Golden Ale.
SenderosRestaurante boutique escondido e íntimo de 6 mesas.Recuperado, bañado y buscando una noche fina.Risotto de queso azul y nueces, guiso de lentejas y una botella entera de Syrah.
La WafleríaCafetería acogedora ideal para hacer tiempo.Rigidez de “Día Perdido”. Escondiéndose del viento patagónico.Waffles gourmet dulces y salados, lattes calientes y cartas hasta el cansancio.
CúrcumaSano, natural y restaurador.Reseteo por culpa. Intentando revertir la “redondez extrema”.Ensaladas gigantes de quinoa, vegetales asados buenísimos y brotes frescos.
Sendero Laguna Torre El Chaltén: Vistas enormes de montañas y glaciares a lo largo de la ruta en la Patagonia, Argentina, con un caminito serpenteando por prados hacia los picos del Parque Nacional Los Glaciares.
Un tramo espectacular del sendero Laguna Torre cerca de El Chaltén te muestra prados abiertos, picos nevados y esos cielos patagónicos dramáticos que lo hacen uno de los trekkings más lindos de la región.

Qué Hacer Después del Trekking: Defendiendo la Rebelión del “Día Perdido”

En un pueblo lleno de montañistas de élite, tomar la decisión de no hacer absolutamente nada requiere bastante coraje psicológico. Los hostels de El Chaltén están repletos de mochileros competitivos preguntándose entre ellos: “¿Qué cumbre hiciste hoy?”.

Tenés que empoderarte y adueñarte con orgullo de tu “Día Perdido”.

El día después de la paliza del Fitz Roy fue un día perdido absoluto y sin escalas. El dolor muscular de aparición tardía (DOMS) nos pegó con una rigidez nivel rigor mortis. Estábamos tan, pero tan duros, que casi ni salimos de la habitación del hotel. El simple hecho de caminar por el pasillo nos parecía un sacrificio inhumano.

Saber que tenés un día de recuperación incorporado en el viaje, dedicado cien por ciento a descansar, te saca esa ansiedad de tener que “ponerle garra” al día siguiente. En un día perdido, tenés todo el permiso del mundo para esconderte bajo techo, ir rengueando hasta una cafetería como La Waflería, y pasarte las horas jugando a las cartas, tomando lattes calentitos y bajándote waffles dulces y salados sin una sola gota de culpa.

Defender tu derecho a tirarte a hacer fiaca en la capital mundial del trekking es la máxima rebelión del falso trekker. Dejá que los montañistas pro se peleen contra los vientos de 100 km/h; vos tenés una cita imperdible con un waffle de frutos rojos y salsa de caramelo.

Bosque de lengas Laguna Torre El Chaltén: a lo largo de la ruta de senderismo en la Patagonia, Argentina, con árboles altos y un suelo lleno de musgo en el Parque Nacional Los Glaciares.
Un bosque frondoso de lengas rodea el sendero hacia Laguna Torre, donde caminás bajo los gigantes árboles patagónicos y el musgo antes de salir al tremendo valle glaciar del Parque Nacional Los Glaciares.

Reflexiones Finales: Abrazá lo Impredecible de la Patagonia

Seamos sinceros: no caímos a El Chaltén como unos montañistas expertos; llegamos tambaleando, confiando ciegamente en nuestros instintos gastronómicos y acarreando semanas de peso a pura empanada. Pero a base de un ritmo estratégico agresivo, aceptando esos comas de 12 horas tipo rigor mortis, y tratando el dolor articular con un estricto régimen médico de hamburguesas con panceta y cerveza artesanal, pasó algo rarísimo. Evolucionamos. Llegamos como turistas medios redonditos y nos fuimos como falsos trekkers curtidos en batalla, con unas piernas sorprendentemente fuertes.

Al clima patagónico le importa tres pepinos tu itinerario armadito y separado por colores. Los vientos te van a moler a palos, las nubes se van a encaprichar en taparte las cumbres famosas y sí, tu triste tupper de plástico se va a hacer mil pedazos adentro de la mochila. Pero sobrevivir acá se trata de saber dar el volantazo. Si sabés cuándo retirarte a los bosques llanos y embrujados de Laguna Torre, cuándo meter un atardecer sobre la hora en el Mirador de los Cóndores, y cuándo declarar un “día perdido” táctico solo para comer waffles y jugar a las cartas, le ganás al sistema. El Chaltén es espectacular, incluso cuando hace lo imposible por tirarte al piso con el viento.

Las rodillas te van a pedir clemencia, los pies te van a latir seguro, y tu cabeza va a alucinar con helicópteros de rescate y sillas de reyes. Pero te prometo esto: cuando por fin te pares bajo esas agujas de granito gigante del Monte Fitz Roy, cagado de frío con el viento andino mientras te comés una ensalada de arroz con mayonesa desde un cacho de plástico roto, te va a caer una ficha inmensa. Cada paso agónico y rompe-rodillas valió la pena, absoluta y rotundamente.

Cartel de bienvenida El Chaltén: en la Patagonia, Argentina, marcando la entrada al famoso pueblo montañés cerca del Parque Nacional Los Glaciares y el Monte Fitz Roy.
El clásico cartel de madera de El Chaltén recibe a los que entran a la capital del trekking en la Patagonia, la puerta de entrada a los senderos del Fitz Roy, Laguna Torre y los paisajes brutales del Parque Nacional Los Glaciares.

Preguntas Frecuentes: Supervivencia en El Chaltén para el Falso Trekker

1. ¿De verdad tengo que estar súper en forma para caminar por El Chaltén? ¡Posta que no! Nosotros caímos al pueblo después de comernos la vida a empanadas y pizzas por toda Argentina. Audrey hasta tuvo que pasarse a las calzas porque sus jeans directamente dijeron basta. No necesitás ser un atleta de élite; solo marcate tu propio ritmo, usá bastones de trekking, y premiá el dolor con un buen helado. ¡Vas a sobrevivir!

2. ¿Qué onda con las viandas de 10 dólares de los hoteles? ¿Valen la pena? Sí, ¡pero con una advertencia enorme! Los supermercados en el pueblo tienen re poco (pagás un dólar por una manzana), así que pedir la vianda de 10 dólares la noche anterior te salva la vida. PERO, por favor, pasá la comida a un tupper de verdad. Mi ensaladera de plástico finito se hizo pedazos en la mochila mientras caminaba. Comer arroz con mayonesa desde un plástico roto cagado de frío en la montaña te arruina la onda.

3. ¿Qué tan grave es el viento, en serio? Literalmente te va a bajar los humos. Tuvimos un día donde las ráfagas eran tan violentas que apenas nos podíamos mantener parados. Vestite como una cebolla (¡capas, capas y más capas!) y gastate unos mangos en un buen rompevientos, porque el clima patagónico hace lo que se le canta.

4. ¿Qué sendero me conviene hacer si ya no doy más de las rodillas? Esquivá el Fitz Roy y andate para Laguna Torre. Es un circuito de 18 kilómetros, pero después de los primeros tres de subida, se plancha por un valle hermoso. Es un paseo comparado con las trepadas brutales de las otras rutas, y podés caminar rapidísimo.

5. ¿Qué es un “Día Perdido” y de verdad lo necesito? Olvidate, lo necesitás 100%. Después de meter 20 kilómetros, los músculos se te ponen duros como el mármol. Un “día perdido” es tu permiso oficial para no hacer absolutamente nada. Literalmente nos escondimos en La Waflería, comimos waffles gourmet y jugamos a las cartas todo el día para recuperarnos. Cero culpa.

6. ¿Cuál es el mejor lugar para atragantarme de comida después de un trekking matador? Cuando te pegue ese hambre feroz y salvaje, andá rengueando directo a La Zorra. Nosotros aspiramos unas hamburguesas gourmet altísimas con panceta, papas llenas de cheddar y pintas de cerveza artesanal. Es el premio calórico definitivo para compensar tanto sufrimiento.

7. ¿Me va a andar el celular en los senderos? ¡Ni a palos! Los datos móviles acá casi no existen, y hasta el Wi-Fi del hotel se corta a cada rato. Bajate los mapas de los senderos offline antes de llegar, decile a tu familia que los querés mucho y abrazá la desconexión digital forzosa.

8. ¿La última trepada al Fitz Roy es tan dura como dicen? Mirá, los primeros 9 kilómetros son un paseo re lindo por el bosque. ¿Pero ese último kilómetro? Es una trepada brutal y empinada sobre piedras sueltas que te va a destrozar las piernas. Cuando estábamos bajando, alucinábamos con que nos llevaran a cococho. Solo tomate tu tiempo, preparate para el cuello de botella de gente agotada, y metele para adelante. ¡Vale la pena el dolor!

Una nota de Samuel: Escribimos esta guía originalmente en inglés basándonos en nuestros viajes. Como amamos la Patagonia, usamos herramientas de traducción para pasarla al castellano rioplatense y compartir nuestros datos con la comunidad hispanohablante. Si notás alguna frase rara o creés que nos faltó usar algún término bien local, ¡dejalo en los comentarios! Hacemos lo mejor que podemos para que la info sea útil para todos.

Proyecto 23 Argentina: Este artículo también está disponible en inglés. [Read the original English version: The “Faux Trekker” Survival Guide to Hiking El Chalten, Patagonia]

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