No llegamos a El Chaltén como montañistas de élite. Llegamos como sibaritas empedernidos que se la habían pasado comiendo por toda Argentina hasta alcanzar un estado que solo puedo describir como “redondez absoluta”. Audrey ya usaba calzas para todo porque los jeans directamente no le cerraban. Necesitábamos mover el esqueleto urgente. Pero en ese momento, sentía las piernas como si estuvieran fundidas en cemento fresco.

El día anterior habíamos forzado a nuestros cuerpos, cero preparados para esto, a sobrevivir a la locura de 20 kilómetros del trekking a Laguna de los Tres. Durante esa bajada brutal, atorados de gente y con los pies latiéndome a mil por hora, soñé posta con llamar a emergencias para que me rescaten en helicóptero o me bajen en andas como a un rey. Era medio en joda, pero el dolor físico era tremendo. El día siguiente fue pérdida total. Quedamos en modo zombi total, durmiendo entre 10 y 12 horas de corrido, negándonos a salir de nuestra tremenda habitación en el Vertical Lodge a menos que fuera por supervivencia básica.
Pero hoy era nuestro quinto día en la Capital Nacional del Trekking. El clima patagónico, famoso por su bipolaridad y que nos había cagado a palos con ráfagas locas un par de días atrás, por fin nos dio una tregua regalándonos un día de sol espectacular. Era la hora de encarar el famoso trekking a Laguna Torre. Buscábamos revancha. Pero más que nada, queríamos una caminata que no nos diera ganas de llorar.

Cómo llegar a Laguna Torre: Logística, perros callejeros y los nuevos peajes
Regla de oro para mandarte a caminar por la Patagonia: no te olvides el mapa en la mesa de luz del hotel. Como nosotros hicimos exactamente eso, estuvimos 45 minutos dando vueltas desde la otra punta del pueblo solo para encontrar dónde arrancaba el sendero. Una vez que por fin dimos con la cabecera al final de la calle Los Charitos, nos chocamos de frente con la nueva realidad logística de El Chaltén.
Ni bien llegamos al pueblo, tuvimos una charla inolvidable con los guardaparques. Nos tiraron la posta sobre los perros callejeros. Los pichichos en El Chaltén son un amor y te van a seguir felices de la vida rumbo a las montañas. Pero ojo: no los podés dejar. El Parque Nacional Los Glaciares es el hogar del huemul, un ciervo autóctono que está en peligro de extinción. Una jauría de perros simpáticos dando vueltas por ahí es un peligro directo para ellos, así que si un perrito se te quiere hacer el lindo en la entrada del sendero, te toca hacer de policía malo y decirle que se vuelva al pueblo.
[Cambio de logística para 2026] Los perros siguen igual, pero el tema de la plata es un mundo nuevo. Por años, la zona norte del Parque Nacional Los Glaciares fue famosa por ser un paraíso del trekking 100% gratuito. Olvidate, esa época ya fue. Si estás armando tu viaje para 2026, tenés que saber cómo viene la mano con los pagos digitales.
La entrada al Parque Nacional ahora cuesta unos 45.000 pesos para extranjeros (algo de $31 USD) por un pase estándar de un día. Y ni se te ocurra caerle al guardaparque con billetes en mano. Ahora el pago es estrictamente online por código QR. Si llegás a la entrada cerca del estacionamiento del Fitz Roy con un fajo de pesos y sin señal en el celular, te pegan la vuelta. Para colmo, la municipalidad clavó una “eco-tasa” de más o menos 3.000 pesos para los que van a pasar el día y no duermen ahí. Como nosotros teníamos seis noches reservadas en el Vertical Lodge, zafamos del impacto, pero es un sablazo re importante para el bolsillo del mochilero.
Ficha técnica del trekking Laguna Torre: Nivel de dificultad real
| Métrica del Sendero | Lo que dice el folleto | Nuestra realidad física |
|---|---|---|
| Distancia Total | 18 a 19 km ida y vuelta. | Nos pareció súper manejable después de sobrevivir a la tortura de los 20+ km del Fitz Roy. |
| Desnivel | Aprox. 420m a 475m. | Solo 250 metros de subida fuerte que se sienten de verdad, justo al principio. |
| Nivel de Esfuerzo | Intermedio. | Un paseo por el parque; nivel de relax total y cero apuro. |
| Tiempo Promedio | 6 a 8 horas. | Depende mucho de a qué velocidad camines cuando tu motivación es clavarte una hamburguesa con queso. |
Puntos de interés en Laguna Torre: Esfuerzo vs. Recompensa visual
Esta tabla te va a ayudar a manejar la energía y las expectativas a medida que te metés desde el inicio del sendero hacia el corazón del “Bosque Embrujado”.
| Punto de Interés | Distancia (KM) | Esfuerzo Físico | Detalle Visual | Por qué garpa para fotografía |
|---|---|---|---|---|
| Cascada Margarita | 0.7 km | Medio | Cascada potente que cae por terrazas directo al río. | La mejor foto “fácil” del día; súper reparada del viento incluso cuando el clima está feo. |
| Mirador del Torre | 2.5 km | Medio-Alto | Primera vista abierta de los picos afilados y glaciares. | Foto clave para el “Plan B” por si la cima (Km 9) está tapada de nubes. |
| La Laguna Escondida | ~3.5 km | Bajo (Plano) | Un cuerpo de agua planchado que aparece de la nada después de una curva. | Ideal para reflejar el Fitz Roy (a tu derecha) o los árboles de la zona. |
| El Bosque Embrujado | 5.0 – 7.0 km | Bajo (Plano) | Bosque muerto de lengas y ñires pálidos y esqueléticos. | El mejor contraste de primer plano para jugar con el teleobjetivo. |
| Campamento De Agostini | 8.0 km | Bajo (Plano) | Ciudad de carpas donde seguro te llega el olorcito a fideos de algún campista. | Última chance para usar un baño o cambiarte de ropa con algo de reparo. |

Qué ver del kilómetro 0 al 3: Cascadas y el bajón de las 9:00 AM
Arrancamos la subida a paso de tortuga. Las piernas todavía nos pasaban factura por el trekking al Fitz Roy, y justo esta primera trepada para salir del valle de El Chaltén donde este sendero te exige más a nivel cardio.
Por suerte, el sendero a Laguna Torre te perdona bastante el ritmo. Antes de que llegues a sentir el ardor en las pantorrillas, la montaña te regala unas vistas panorámicas tremendas del Río de las Vueltas serpenteando en el fondo del valle. Apenas a los 700 metros, nos cruzamos con nuestra primera gran distracción: la Cascada Margarita. El salto de agua era imponente, bajando con toda la furia por la piedra hasta reventar contra el río. Era un spot tan fotogénico que no podíamos soltar la cámara, lo que hizo mierda cualquier amague de buen ritmo que hubiéramos conseguido.
Pero el verdadero drama llegó pasadito el kilómetro 2.
[Problemas de sibaritas: La crisis del táper] Para aguantar estos días larguísimos en la montaña, le sacamos jugo a un servicio local espectacular: casi todos los hoteles y alojamientos en El Chaltén te arman una vianda para el trekking. La pedís la noche anterior y ya la tenés lista para meter en la mochila antes del desayuno de las 6:30 AM. Pagamos felices los 10 dólares por vianda —medio salado para Argentina, pero una comodidad absoluta—. Las cajitas venían explotadas: barrita de maní, una manzana, agua, minialfajores, caramelos y una porción bestial de ensalada de arroz y verduras con huevo, zanahoria, tomate, repollo y unos pedazos de queso enormes.
Hubo un solo detalle. El táper de plástico berreta que contenía mi ansiada ensalada reventó por completo adentro de mi mochila mientras caminábamos.
No existe una forma digna ni glamorosa de comer un almuerzo cuando el recipiente pierde su integridad estructural. Eran apenas las 9 de la mañana. Llevábamos caminando a lo sumo una hora. Pero para salvar mi equipo de fotografía de un baño de mayonesa y yema de huevo, tuvimos que clavar un “mini-almuerzo” de emergencia. Me senté a un costado del sendero y me devoré con desesperación casi toda la vianda antes de que se secara el rocío de la mañana. Me comporté como un cerdo, la verdad, pero la ensalada estaba buenísima.

Qué paisajes hay en el kilómetro 3 a 8: El bosque embrujado y las mejores fotos
Si lográs sobrevivir a la trepada inicial y a la tentación de bajarte todas las raciones a las 9 de la mañana, el sendero a Laguna Torre se abre y se convierte en pura felicidad. Cerca del kilómetro 3.5, la pendiente desaparece de golpe al entrar en un valle súper amplio.
Acá es donde el trekking deja de ser un entrenamiento físico para pasar a ser una caminata por la naturaleza casi meditativa. Me encontré saltando ramas por el piso como una cabra loca, rebosante de alegría. A diferencia de la locura y los cuellos de botella de la gente peleándose por llegar a la cima en el sendero al Fitz Roy, esta ruta se sentía increíblemente tranquila. No era un hormiguero humano. Tuvimos tramos larguísimos donde el sendero era todo nuestro, dejándonos absorber el silencio y esa vibra salvaje e inhóspita de la Patagonia.
Pasando apenas el kilómetro 3, el sendero nos destapó una joyita escondida: una laguna perfecta, con el agua planchada como un vidrio, que apareció de la nada al dar la vuelta. Fue el lugar perfecto para parar un segundo y asimilar la locura de paisajes que estábamos viendo.
Y ahí fue cuando nos metimos en el “Bosque Embrujado”.
A medida que el camino serpentea junto al río, pasás de los bosques verdes, llenos de sol y con cúpulas de hojas espesas, a un cementerio gigante de madera esquelética y pálida. Este bosque muerto está lleno de lengas y ñires antiquísimos; sus ramas dentadas y torcidas apuntan al cielo como si fueran dedos pálidos y artríticos. El contraste entre los bosques vivos y llenos de color que recién pasamos y este tramo mudo de madera seca era una locura visual.
Equipo de fotografía recomendado para el valle
Si te gusta la fotografía, el “Bosque Embrujado” no es solo una zona de paso; es el plato fuerte. Los típicos folletos de viaje ni lo mencionan y se enfocan en la laguna del final. No caigas en esa. La madera pálida te arma un primer plano espectacular para tirar unas fotos bien angulares.
| Factor Fotográfico | Nuestra táctica para el valle |
|---|---|
| Elección de Lentes | Necesitás jugar a dos puntas. Clavá un gran angular (14mm-24mm) para agarrar toda la escala del bosque y los árboles muertos. Y tené a mano un teleobjetivo (70mm-200mm) para comprimir el fondo y aislar los glaciares colgantes que están más lejos. |
| La Luz Justa | El valle está súper protegido. Aunque los picos se llevan esa famosa luz rojiza del amanecer, la luz de media mañana filtrándose entre las ramas muertas del bosque te da unas sombras de alto contraste increíbles. |
| Proteger el Equipo | El fondo del valle es, básicamente, un túnel de viento lleno de polvo glaciar. Incluso en un día “tranquilo”, la tierrita fina vuela para todos lados. No se te ocurra cambiar de lente al aire libre a menos que quieras tener el sensor lleno de polvo de piedra. Un equipo sellado contra el clima es obligatorio acá. |

Qué le pasó al bosque muerto: La ciencia detrás de los árboles esqueléticos
Uno no entra caminando a un cementerio gigante de madera pálida sin preguntarse qué clase de apocalipsis localizado pasó por acá. Cuando dejás atrás el verde tupido y te metés en el “Bosque Embrujado”, parece que hasta la temperatura cae. El ruido del viento cambia cuando chifla a través de las ramas secas y afiladas en vez de rozar contra las hojas.
Se siente antinatural. Pero la posta es que esto es una clase magistral brutal sobre la dinámica de los glaciares en la Patagonia.
Para entender por qué este tramo en particular del valle parece un desarmadero de huesos, tenés que mirar el agua. El sendero de Laguna Torre va pegadito al Río Fitz Roy (que muchas veces trae agua de la cuenca del Torre). Estos no son los típicos ríos predecibles de manual. Son canales súper volátiles para el agua de deshielo. Los glaciares son topadoras de hielo inmensas que todo el tiempo se están moviendo, embalsando agua y que, eventualmente, colapsan. Cuando un lago glaciar se vacía de golpe —algo que los científicos llaman “vaciado repentino de lago glaciar”— o cuando el río directamente cambia de rumbo porque se acumuló demasiado sedimento, el fondo del valle se inunda.
Eso fue lo que mató al bosque. Los árboles que nacen en este valle son principalmente la lenga (Nothofagus pumilio) y el ñire (Nothofagus antarctica); unas especies de hayas del sur durísimas, adaptadas al frío congelante y a los vientos locos. Pero no saben nadar. Cuando el agua de deshielo inundó esta cuenca baja, saturó la tierra y la dejó sin oxígeno. Las raíces se asfixiaron. Los árboles murieron ahogados parados exactamente donde estaban.

Cómo diferenciar la flora del sendero: Lenga vs. Ñire
| Rasgo Botánico | Nothofagus pumilio (Lenga) | Nothofagus antarctica (Ñire) | Nota de campo de “Samuel” |
|---|---|---|---|
| Visual Signature | Columnas gruesas y verticales; vendrían a ser las “agujas” del cementerio. | Ramas artríticas, nudosas y un caos absoluto. | Para encuadrar, usá la lenga en tomas verticales; usá el ñire si querés texturas raras y abstractas en primer plano. |
| Estando Vivos | Dominan la parte alta del bosque, donde pega el sol. | Más bajos, tipo arbustos y durísimos para aguantar de todo. | Podés ver justo el punto de transición entre la lenga viva y la lenga “esquelética” en el kilómetro 4. |
| Estando Muertos | Por el castigo del viento se suelen quedar sin corteza rápido. | Aunque mueran, siguen siendo súper flexibles y aerodinámicos. | Los troncos de lenga parecen columnas de cemento pálido; el ñire parece alambre plateado. |
| Rol Ecológico | Esos troncos gigantes arman micro-hábitats que duran décadas. | Se descomponen re lento; sirven de refugio para el huemul. | Aclarale a todos: NO SE LES OCURRA romper estas ramas para usarlas de bastones de trekking armados; es biomasa protegida. |
[Nota al pie de Samuel: Las ganas de tocar todo]
Cuando vas caminando por acá, las ramas secas tienen toda la pinta de ser unos bastones de trekking armados a medida. Ni se te ocurra romperlas. Esta madera está hiper protegida. Es clave para crear micro-hábitats para insectos y hongos, y con el paso de las décadas, se termina pudriendo para darle a los suelos patagónicos —que son pobrísimos— los nutrientes necesarios para que crezca la próxima generación de plantas. Mirá, sacá fotos, pero dejá los esqueletos donde están.
¿Pero por qué se ven tan impecables? En un clima húmedo o tropical, un árbol muerto se pudre y termina siendo un puré lleno de musgo en un par de años. La Patagonia, en cambio, funciona como un liofilizador gigante natural.
Una vez que los árboles murieron, los famosos vientos patagónicos tomaron el control. Esas ráfagas implacables funcionan como una lijadora mecánica, literalmente arenando los troncos secos con polvo glaciar microscópico (“harina de roca”) y arrancándoles de forma violenta la corteza protectora. Sin la corteza, la radiación UV durísima del sol de altura blanquea la madera pelada. El clima es demasiado frío y el viento demasiado seco como para que los hongos puedan proliferar y pudrir la madera rápido. El resultado final es este bosque de “árboles esqueléticos”: blancos como el hueso, retorcidos y conservados perfectamente en animación suspendida por décadas.

Detalles de botánica: Conservación de Lengas y Ñires
Si querés tirarte un lance haciendo de experto con tu compañero de ruta o ponerle una buena descripción a tu foto, tenés que saber qué estás mirando. Acá está la posta científica de la madera que te rodea:
| Detalle Botánico | Nothofagus pumilio (Lenga) | Nothofagus antarctica (Ñire) | El Factor de Conservación |
|---|---|---|---|
| Crecimiento | Crecen altas y derechas donde hay reparo; arman la copa alta en las partes vivas del sendero. | Son retorcidos por naturaleza, tipo arbustos, y se la bancan re bien en tierras malas. | Las lengas son esas “agujas” de madera muerta, verticales y altísimas, mientras que el ñire hace de matorral enredado abajo. |
| Resistencia al Viento | Una vez secos y quebradizos, corren mucho riesgo de que las ráfagas fuertes los partan al medio. | Tienen una aerodinámica espectacular; la estructura trenzada sobrevive perfecto al túnel de viento del valle. | Como el viento es tan furioso, la humedad no se acumula, bloqueando casi al 100% que la madera se pudra. |
| El Look Final | Troncos re gruesos que parecen pilares de cemento lavado. | Ramas finitas que suben culebreando como dedos con artrosis. | Décadas de radiación UV le comen el color a la madera y solo dejan a la vista la estructura blanca de celulosa. |
Entender la historia violenta y pasada por agua de este lugar te cambia por completo la cabeza cuando lo caminás. No es nomás un rincón espeluznante para la fotito de Instagram. Es un monumento congelado que te muestra la potencia brutal e imparable de los glaciares que tenés colgando apenas a un par de kilómetros más adelante.

Llegada al kilómetro 9: El agua color café con leche y la envidia por un plato de fideos
Al fin llegamos al kilómetro 9. Es el final del sendero principal, el punto exacto donde el valle se abre como una postal para dejarte ver la Laguna Torre, los bloques de hielo flotando y esa aguja gigante y filosa que es el Cerro Torre.
Salvo que, en nuestro caso, ese día la montaña no quiso.
[Expectativa vs. Realidad] Instagram te vende la fantasía de que cualquier caminata en la Patagonia termina en una laguna de agua celeste fosforescente, prístina y reflejando una montaña perfecta. La realidad rara vez es tan buena onda. Cuando asomamos a la costa de piedra de Laguna Torre, las montañas icónicas estaban sepultadas abajo de un colchón de nubes grises espesísimo. No se le veía ni la punta al Cerro Torre. Para rematar, el viento sarpado que hace siempre acá había revuelto todo el limo glaciar —la famosa harina de roca— del fondo del lago. Así que de turquesa intenso, ni a palos; el agua de la laguna era de un marrón opaco y frío. Literalmente parecía una palangana gigante llena de café con leche.
El glaciar de ahí cerca se veía negro y re apagado con ese cielo encapotado. ¿Me partió la cabeza nivel ver el Monte Fitz Roy en un día despejado impecable? Ni a palos. Pero esa es la regla de oro si venís a caminar por acá: el clima es el que decide cuál va a ser tu premio. Incluso con el día nublado, la onda salvaje e inabarcable de tener la cordillera rodeándote por todos lados y los pedacitos de hielo flotando en esa agua turbia hicieron que valiera totalmente la pena.
Soltamos las mochilas, tratando de escondernos un poco del frío, y nos dispusimos a liquidar lo que quedaba de nuestra vianda. Pero nuestras provisiones, que daban bastante lástima a esta altura (pura manzana y caramelos), de repente nos parecieron una miseria.
Habíamos pegado una vueltita rápida por el Campamento De Agostini, el punto para pasar la noche justo en el kilómetro 8. Mientras caminábamos entre las carpas de colores para ir a los baños agrestes, el viento nos trajo un olor que me quemó la cabeza: fideos baratos, fideos instantáneos hirviendo. Los campistas estaban acurrucados sobre sus anafes calentando la sopa, y a mí me agarró una ola de hambre animal, un rugido de la panza tremendo. Te juro que esos fideos de paquete tenían aroma a banquete de restaurante cinco estrellas.
La miré a Audrey. Teníamos nueve kilómetros llanos que nos separaban de la civilización. Era hora de pegar la vuelta.

El desvío a Mirador Maestri: Una trampa mortal para los trípodes
Como teníamos el cerebro fritado pensando nada más que en la comida, dejamos pasar el último agregado opcional del circuito: el Mirador Maestri. Para los expertos de verdad y los fotógrafos de paisajes, estos 2 kilómetros extra bordeando el labio derecho del cráter de la laguna son el lugar posta para tener la vista limpia y en altura del Glaciar Grande.
Eso sí, si te la vas a jugar con el Maestri, tenés que entender cómo viene la mano. Vas a estar caminando por una morena glaciar desarmándose que hace de túnel de viento natural. Si llevás el típico trípode de fibra de carbono livianito de viaje y no le colgás un bolso con piedras pesadas, el viento directamente te arranca el equipo y te lo tira por el precipicio. La estabilidad ahí arriba es un chiste. Muchos fotógrafos pro directamente abandonan los trípodes en este punto y deciden tirar fotos a mano alzada clavando un ISO altísimo o incrustando la cámara entre dos rocas grandes para que no se les mueva.
Laguna Torre vs Laguna de los Tres (Fitz Roy): ¿Cuál es mejor?
| Factor | Fitz Roy (Laguna de los Tres) | Cerro Torre (Laguna Torre) |
|---|---|---|
| El Último Kilómetro | Una pesadilla vertical, todo piedra, que te hace replantearte qué carajo hacés ahí. | Plano como una baldosa. Un trámite absoluto. |
| La Reacción Visual | Sin rival. La vista de montaña más zarpada que hayamos visto en la vida. | Depende muchísimo del clima. Sin sol, se ve todo un poco lavado. |
| La Onda del Trekking | Una prueba de resistencia brutal. Caminás para llegar a la meta. | Súper disfrutable, paisajes variados. Caminás por el viaje en sí. |
| El Día Después | 12 horas en la cama, duro como un garrote y negándote a salir de la habitación. | Con hambre, feliz y con piernas de sobra para caminar hasta la cervecería. |

El regreso: Un pique de 9 kilómetros motivados por una hamburguesa
“Es increíble la velocidad que metés cuando vas mentalizando una hamburguesa con panceta”.
Ese tendría que haber sido el lema oficial de nuestra vuelta. A la mañana, cuando arrancamos la ida, perdimos casi la mitad del tiempo solo en hacer los primeros tres kilómetros, parando cada dos metros a babearnos con cada hojita y cada salto de agua. En el regreso, empujados por el fantasma de esos fideos instantáneos del campamento, nos volvimos máquinas.
Guardamos las cámaras. Mandamos la contemplación del paisaje al carajo. Agarramos el fondo plano del valle y pasamos volando por el “Bosque Embrujado” como si nos estuvieran corriendo demonios de verdad. La guía oficial decía que la vuelta desde el kilómetro 9 te tiene que llevar más o menos tres horas. Empujados 100% por el ruido de nuestras panzas, nos comimos la distancia entera en unas asombrosas dos horas y veinte minutos.
Nada se iba a interponer entre nosotros y la cena.
Faltando unos cinco minutos para terminar de salir del sendero para pisar el asfalto de El Chaltén, a Audrey y a mí se nos conectaron las neuronas por telepatía. Originalmente, el plan era buscar algún restaurante medio bacán, clavarnos un buen guiso patagónico y bajarnos una botella entera de Syrah, como habíamos hecho en el bodegón Senderos hacía unas noches.
Nos miramos.
“¿Hamburguesas?”.
“Hamburguesas”.
No queríamos ningún risotto gourmet. No estábamos para los bowls de quinoa naturistas de Cúrcuma. Teníamos ganas de tirarnos de cabeza al tacho de las calorías reconfortantes, a la comida chatarra de alto vuelo. Queríamos ir a La Zorra.
Nivel de cansancio y recuperación: Laguna Torre vs Fitz Roy
| Métrica | Laguna de los Tres (Fitz Roy) | Laguna Torre (Cerro Torre) | El Veredicto “Sibarita” |
|---|---|---|---|
| Desnivel | 1,000m+ y un último kilómetro que te asesina. | Subida de 250m; después del Km 3 es casi todo un billar. | Torre es una “pavada” si tenés las patas molidas. |
| Castigo Físico | Te quema un día entero del viaje; piernas duras y dormir 12 horas. | Terminás impecable; te queda nafta para la birra y el helado. | Con Torre llegás perfecto a festejar en la cena la misma noche. |
| Nivel de Gente | Cuellos de botella tremendos en el kilómetro 9. | Re tranqui; pasás tramos larguísimos sin cruzarte a nadie. | Mucha más “paz” y contacto puro con la naturaleza. |
| Velocidad Posible | “Más lento que una tortuga” por lo empinado que es. | Podés meterle el doble o el triple de ritmo en el llano de la vuelta. | Directamente podés volver trotando si te espera una hamburguesa. |

Dónde comer en El Chaltén: Cerveza, hamburguesas y el premio post-trekking
La Zorra es una institución en el pueblo, y con justa razón. Después de quemar miles de calorías contra el viento patagónico, este lugar es un oasis. Se especializan en hamburguesas gourmet gigantes tipo “Shake Shack”, tienen una carta de birras artesanales de la hostia y les importa tres carajos cualquier restricción dietética.
Literalmente entramos pateando la puerta. Somos sibaritas de alma que habíamos fingido ser senderistas por un día, y veníamos a cobrar nuestro premio.
Me pedí una torre mexicana picantísima, desbordada de guacamole, jalapeños y salsa picante. Audrey fue directo a la bomba: una hamburguesa gigante armada hasta el techo con panceta súper crocante. Para asegurarnos de no quedarnos cortos con las calorías, partimos al medio una bandeja de papas fritas bañadas en queso y llenas de pedacitos de panceta. Empujamos todo con unas pintas de Golden Ale heladas, aprovechando el horario de happy hour donde pagás media pinta y mágicamente te traen el vaso entero.
No tengo la más pálida idea de cuántas calorías había en esa mesa, y la verdad, prefería no saberlo. Nos habíamos ganado cada bocado.
Pero como nuestra lealtad al estilo de vida de “redondez absoluta” no se negocia, las hamburguesas fueron solo la fase uno. Salimos rodando de La Zorra y caminamos por la calle principal hasta que cruzamos un cartel que decía, simplemente, “Helado Artesanal”. Entramos de una y pedimos unos cucuruchos gigantes. Yo me la jugué con un bochazo de coco y una bocha súper pesada del famoso súper dulce de leche, mientras que Audrey se armó una mezcla más fina de mascarpone y pistacho.
Guía para comer en El Chaltén según tu nivel de cansancio
Si venís siguiendo nuestros pasos, acá tenés exactamente dónde llevar tus piernas agotadas cuando vuelvas al pueblo:
| Tu nivel de antojo y dolor | A dónde ir | Qué pedirte |
|---|---|---|
| Hambre Primitiva y Cero Culpa | La Zorra | La hamburguesa con panceta, papas cheddar con bacon y una pinta de Golden Ale. El mejor mimo posible. |
| Dolor Físico y “Quiero Comida de Verdad” | Senderos | La experiencia fina. Pedite el risotto de queso azul con nueces o el guiso de lentejas, todo con un buen vino Syrah. |
| El Bajón de Media Tarde | La Waflería | Waffles gourmet y cafecito. Ideal para quedarse horas jugando a las cartas y zafando del viento patagónico. |
| La Culpa del Día Después | Cúrcuma | Cuando no te cierran las calzas. Andá a buscarte un bowl de quinoa con vegetales asados para limpiar el organismo. |
Para las 8:30 PM, ya estábamos en coma alimenticio total. Faltaban un par de horas para que el sol no iba a caer en la Patagonia de manera oficial, pero nos importaba un bledo. Nos desplomamos en la cama king-size del Vertical Lodge, detonados, llenos hasta las orejas e infinitamente felices.
El trekking a Laguna Torre no nos regaló la vista perfecta y despejada de las agujas de granito. Nos dejó con tápers rotos, agua marrón turbia y una prueba de voluntad terrible al oler los fideos de otras personas. Pero si hablamos del disfrute puro y duro de caminar, los bosques embrujados, los valles abiertos y el ritmo relajado lo convirtieron en nuestro sendero de El Chaltén favorito.
Llegamos como sibaritas. Nos fuimos con piernas de acero, recuerdos espectaculares y un nivel de apreciación altísimo por una buena hamburguesa con panceta. Valió cada maldito segundo.

Preguntas Frecuentes: Todo sobre Laguna Torre y el Bosque Embrujado
¿Es difícil el trekking a Laguna Torre?
Súper manejable. Si lo comparás con la masacre de rodillas que es la subida a Laguna de los Tres, estos 18 km ida y vuelta son un paseo por el parque. La mayor parte del desnivel (esos 250 metros) te los comés en los primeros tres kilómetros para salir del valle. Después de eso, caminás por un llano divino. Si nosotros, con nuestra “redondez absoluta”, pudimos hacerlo, vos la sacás de taquito.
¿Hay que pagar entrada para ir a Laguna Torre?
Olvidate, sí o sí. La época del trekking gratis en El Chaltén ya fue. Desde 2026, hay que gatillar 45.000 pesos (unos $31 USD) para entrar al Parque Nacional, y el pago es estrictamente online por código QR. Ni vayas a la cabecera del sendero con billetes esperando pagarle al guardaparque porque te mandan de vuelta. Además, ahora también te cobran una “eco-tasa” municipal si vas a pasar el día.
¿Puedo llevar a mi perro o dejar que los de la calle me sigan al sendero?
Ni se te ocurra. Los guardaparques están súper estrictos con este tema porque el Parque Nacional Los Glaciares es la casa del huemul, un ciervo en peligro de extinción. Los perros de El Chaltén son lo más tierno del mundo y te van a querer seguir, pero te va a tocar ser el forro de la película y decirles que se queden en el pueblo para cuidar la fauna de la zona.
¿El agua de Laguna Torre es siempre celeste brillante?
No. Instagram miente. El viento insoportable de la Patagonia te revuelve todo el limo glaciar (harina de roca) del fondo del lago. Cuando nosotros fuimos, el agua era de un marrón turbio y lechoso; literalmente parecía un tazón gigante de café con leche, y las montañas estaban tapadas de nubes. Es una lotería con el clima, así que manejá tus expectativas.
¿Dónde comer en El Chaltén después de caminar?
La Zorra. Si querés una ensaladita light para no engordar, andá a otro lado. Si lo que buscás es una hamburguesa gigante, picante, con papas bañadas en queso y panceta, y una pinta de cerveza rubia para recuperar los miles de calorías que quemaste peleando contra el viento, este es el mejor lugar del pueblo. Punto.
¿Necesito contratar un guía para ir a Laguna Torre?
Para nada, es tirar plata. El sendero está marcadísimo con carteles por kilómetro que te van guiando todo el trayecto. Es una ruta súper popular y recta (ida y vuelta por el mismo camino). A menos que quieras garpar una excursión técnica para caminar con grampones arriba del glaciar, este sendero lo hacés por tu cuenta sin ningún drama.
¿Hay baños en el sendero Laguna Torre?
Con suerte. Hay una letrina re rústica cerca del Campamento De Agostini en el kilómetro 8, justo antes de llegar a la laguna. Más allá de eso, tu única opción es la naturaleza. Llevate tu propio papel higiénico, guardate toda, pero toda la basura en la mochila, y no dejes rastro.
¿Qué equipo de fotografía necesito llevar al Bosque Embrujado?
Llevá dos lentes. Un gran angular (14mm-24mm) para agarrar toda la escala del bosque muerto y la laguna, y tenete a mano un teleobjetivo (70mm-200mm) para achatar y traer los glaciares colgantes. Pero lo más importante de todo: la cámara tiene que ser sellada contra el clima (weather-sealed). El fondo del valle es un túnel de viento furioso lleno de polvo glaciar, y si te agarra con el sensor expuesto, te lo arruina.
Una nota de Samuel: Escribimos esta guía originalmente en inglés basándonos en nuestros viajes. Como amamos la Patagonia, usamos herramientas de traducción para pasarla al castellano rioplatense y compartir nuestros datos con la comunidad hispanohablante. Si notás alguna frase rara o creés que nos faltó usar algún término bien local, ¡dejalo en los comentarios! Hacemos lo mejor que podemos para que la info sea útil para todos.
Proyecto 23 Argentina: Este artículo también está disponible en inglés. [Read the original English version: The Unique “Haunted Forest” of Laguna Torre: A Photography Walk]
