¿Vale la pena visitar El Chaltén si odiás hacer trekking?

En algún punto de la bajada brutal y destroza-rodillas del Monte Fitz Roy, se me cruzó un pensamiento muy específico por la cabeza. Me latían y me dolían tanto los pies con cada paso que, te juro, empecé a fantasear con que me bajaran de la montaña en andas. Me di vuelta para mirar a Audrey por encima del viento patagónico que aullaba sin parar, y hasta jodimos con llamar a emergencias a ver si nos sacaban en helicóptero.

Estábamos fuera de nuestro elemento, en otra liga y completamente fuera de nuestro estado físico.

Monte Fitz Roy sobre el pueblo de El Chaltén, Patagonia Argentina. Vistas panorámicas desde las calles sin necesidad de hacer trekking largo en el Parque Nacional Los Glaciares.
El Monte Fitz Roy se alza imponente sobre el pueblito de montaña de El Chaltén, en la Patagonia Argentina. Una de las sorpresas más lindas de visitar esta zona es que no siempre hace falta mandarse a caminar horas por el Parque Nacional Los Glaciares para disfrutar del paisaje: las agujas de granito del Fitz Roy dominan el horizonte directamente desde las calles del pueblo.

Habíamos llegado a El Chaltén —la indiscutida Capital Nacional del Trekking— no como montañistas experimentados, sino como dos personas que se pasaron las últimas semanas priorizando las empanadas y la birra artesanal por encima del cardio. De hecho, a Audrey ya no le entraban los jeans, así que vivía en calzas. Yo, por mi parte, había abrazado por completo mi nueva forma de termo. Veníamos comiendo como chanchos por toda la Patagonia y necesitábamos mover el esqueleto desesperadamente.

¿Pero qué pasa si no tenés ni la más mínima gana de mover el esqueleto?

Si leés los folletos de turismo clásicos, te van a decir que si odiás caminar, deberías saltearte El Chaltén por completo, o a lo sumo hacer una visita exprés de un día. Se equivocan. Se equivocan fiero. Subestiman zarpado el poder de la gastronomía patagónica, el lujo de sumergirse en una buena bañera, y la emoción de navegar por un glaciar gigante con un trago en la mano.

Esta es la guía definitiva y sin culpas para el anti-atleta. Acá tenés la posta sobre visitar el pueblo de montaña más famoso de la Patagonia cuando tu objetivo principal es sumar calorías en lugar de metros de desnivel.

Arte callejero y escultura de metal en El Chaltén, Patagonia Argentina. Detalles del pueblo cerca del Parque Nacional Los Glaciares.
Una peculiar escultura de metal le da su toque a las calles de El Chaltén. Aunque el pueblo es famoso por el trekking en el Parque Nacional Los Glaciares, con solo dar una vuelta vas a descubrir arte callejero único, casitas de colores, cafecitos hermosos y el infaltable Monte Fitz Roy de fondo.

Cómo llegar a El Chaltén: La cruda realidad de la Capital del Trekking

Antes de que decidas no caminar, primero tenés que llegar. El viaje en sí es una locura visual que te va cebando minuto a minuto.

Cuando hicimos el tramo desde El Calafate hasta El Chaltén en bondi con Chaltén Travel, pagamos unos mangos (en ese momento eran tipo 16 dólares) por cabeza para el viaje de tres horas. A mitad de camino, el micro hace una parada técnica en el mítico Parador La Leona. Este parador histórico es ideal para estirar las piernas y contemplar la inmensidad de la estepa patagónica.

Sin embargo, hay una realidad logística enorme que los que no hacen trekking tienen que entender ya mismo: los micros de línea no paran para sacar fotos. El viaje por la Ruta 40 y la Ruta 23 te regala vistas de postal con aguas turquesas y paisajes agrestes que te hacen sentir en un tour VIP. Es una locura total. Pero si sos un fotógrafo que se niega a caminar, te vas a frustrar muchísimo pegando el lente contra el vidrio sucio del bondi. Si querés fotear el acercamiento icónico al macizo del Fitz Roy sin tener que caminar hasta un mirador, pagate un transfer privado o reservá una combi turística que te permita hacer paradas en la ruta.

[La Posta del Falso Trekker]

Cuando entrás a El Chaltén, lo primero que notás es lo compacto y lleno de vida que es. Parece un pequeño oasis de colores rodeado de montañas imponentes. Pero no te dejes engañar por esa onda de pueblo de frontera. Este lugar está hecho para la supervivencia extrema, lo que significa que muchas comodidades a las que estás acostumbrado acá brillan por su ausencia.

Armamos campamento base en el Vertical Lodge para toda la semana. Por 54 dólares la noche, superó ampliamente nuestras expectativas, sobre todo porque el baño era enorme y tenía bidet y bañera; una bendición para remojar las piernas molidas. Si no vas a caminar, tu alojamiento es tu refugio. No te metas en un hostel con baño compartido. Buscate un lugar con una buena bañera, calefacción a full y un living cómodo para tirarte.

Internet en El Chaltén: Secuestro Digital y la Manzana de Oro

Si vas a esquivar los senderos para relajarte en el pueblo, preparate para dos crudas realidades logísticas: los supermercados y el internet.

Primero, la oferta de comida en los mercaditos es recontra limitada y carísima. Durante nuestro viaje llegamos a pagar más o menos un dólar por una sola manzana, que en ese momento eran unos 40 pesos. Si necesitás comprar fruta fresca o verdura, la vas a tener complicada. Te re mil recomiendo comprar las provisiones en El Calafate y traértelas en el micro.

Segundo, el internet acá es un mito. Los datos móviles ni figuran y el wifi de los hoteles se cae cada dos por tres. Tuvimos que intentar mil veces en una sola tarde nomás para pasar la tarjeta de crédito y pagar la habitación. Capaz pensás que te podés sentar en un cafecito a adelantar laburo mientras tus amigos se trepan a la montaña. Olvidate. Tomate la falta de señal como una desintoxicación digital obligatoria. Llevate un buen libro en papel.

Matriz 1: Expectativa vs. Realidad en el Pueblo

La Promesa del FolletoLa Cruda Realidad del Falso TrekkerLa Solución para el No-Senderista
“Cafecitos hermosos con wifi de alta velocidad.”Toda una tarde perdida intentando pasar un simple pago con tarjeta.Descargate todas las películas, podcasts y mapas offline antes de salir de El Calafate. Llevá plata en efectivo.
“Comprá productos frescos y locales.”Precios infladísimos, onda un dólar por una manzana triste y solitaria.Llevate una bolsa de tela llena de snacks y buen vino desde la ciudad en el micro.
“Un viaje en micro escénico y relajante.”Una ruta hermosa donde el chofer se niega rotundamente a parar para que saques fotos.Pagá la diferencia y contratá un taxi privado o una combi turística para las 3 horas de viaje.
Cartel del sendero Chorrillo del Salto en El Chaltén, caminata fácil a la cascada en la Patagonia. Parque Nacional Los Glaciares.
El cartel que marca el inicio del sendero al Chorrillo del Salto, una de las salidas más tranquis y lindas del Parque Nacional Los Glaciares. Es una caminata corta de 500 metros que te lleva a una cascada hermosa, ideal para los que quieren vivir la experiencia patagónica sin matarse caminando.

Qué hacer en El Chaltén si no querés caminar: Micro-Excursiones

Pongámosle que estás dispuesto a mover el esqueleto apenitas. Querés las vistas zarpadas, pero te negás rotundamente a sufrir el kilómetro más largo, duro y brutal de todo el trekking al Fitz Roy.

Estás de suerte. El Chaltén tiene un par de senderos que te devuelven una maravilla visual tremenda a cambio de muy poco esfuerzo físico.

Con ganas de aprovechar al máximo nuestra primera tarde, decidimos encarar el Mirador de los Cóndores. El sendero arranca justo en las afueras del pueblo, y tardás unos 45 minutos en llegar arriba. Es solo un kilómetro, pero que la distancia no te engañe: es un toque empinado y Audrey ya sentía que le quemaban las piernas a los dos minutos.

Pero la recompensa es espectacular. Tenés una vista panorámica tremenda del pueblito de colores allá abajo, brillando con la última luz patagónica de la tarde. Es la introducción perfecta a El Chaltén. Si venís en pleno verano (de diciembre a febrero), amanece tipo 5:00 AM y el sol no se esconde del todo hasta pasadas las 10:00 PM. Esto te da un margen de tiempo enorme para mandarte a hacer estas caminatas cortas a tu propio ritmo.

Si hasta una subidita de 45 minutos te parece una ofensa para tus vacaciones, tomate un taxi hasta el Chorrillo del Salto. Es una cascada espectacular de 20 metros a unos poquitos kilómetros del pueblo. El caminito desde el estacionamiento es totalmente llano, está reparado del viento patagónico por un bosque cerrado, y te toma apenas veinte minutos. Es la excursión definitiva de cero esfuerzo y máxima recompensa.

Vistas del Monte Fitz Roy desde el pueblo de El Chaltén. Paisajes de montaña en la Patagonia sin hacer trekking.
El Monte Fitz Roy domina el cielo sobre el pueblito de El Chaltén en la Patagonia Argentina. Una de las grandes sorpresas para los que visitan la zona es que no siempre te tenés que comer un trekking matador para apreciar el paisaje; las icónicas agujas de granito asoman de forma espectacular por encima de los techos desde el mismísimo centro.

Miradores en El Chaltén sin esfuerzo: Vistas desde la calle principal

Si hay una verdad absoluta sobre El Chaltén, es esta: no tenés que transpirar la camiseta para ganarte la vista.

En la mayoría de los pueblos de montaña del mundo, los paisajes que te dejan con la boca abierta están escondidos detrás de horas de subidas matadoras y senderos en zigzag que te llenan los pies de ampollas. El Chaltén es la gloriosa excepción a esta regla. Incluso desde el centro, nuestro primer vistazo del macizo del Fitz Roy fue totalmente mágico. Las imponentes agujas de granito asoman directamente sobre los techos de colores, sirviendo de telón de fondo permanente para cuando salís a buscarte un café.

Levantá la cabeza. Ese es todo el esfuerzo que tenés que hacer.

Esta es la carta ganadora para el que no quiere caminar. Podés pasarte todas las vacaciones vagando por las calles (asfaltadas y de ripio), yendo a paso de tortuga entre panaderías y cervecerías artesanales, y aún así llevarte un regalo visual de primer nivel mundial. La escala enorme de las montañas te hace sentir completamente inmerso en la Patagonia salvaje, incluso estando parado tranquilo en la vereda con una empanada calentita en la mano.

[La Posta del Falso Trekker]

El resplandor de la hora dorada: No necesitás una linterna frontal ni levantarte a las tres de la mañana para agarrar el famoso amanecer patagónico. Como el pueblo está justo en la base del macizo, la luz de la mañana pinta los picos del Fitz Roy con unos tonos naranjas y rosas fuego tremendos. Podés ser testigo de uno de los amaneceres más famosos del planeta estando en pijama y con una taza de café instantáneo en la mano, paradito en la puerta de tu hotel.

Para el anti-atleta, esto te cambia por completo la ecuación del viaje. No te estás perdiendo la belleza del Parque Nacional Los Glaciares por quedarte en el pueblo; simplemente la estás consumiendo desde un punto de vista mucho más cómodo y repleto de calorías.

Cartel de La Cervecería en El Chaltén. Restaurante de cerveza artesanal en la Patagonia, ideal después de ver el Fitz Roy.
El cartel de madera rústica de La Cervecería te da la bienvenida si andás buscando birra artesanal y comida potente en este pueblo famoso por el trekking. Para los viajeros que prefieren relajarse antes que meter largas caminatas, lugares como este hacen que El Chaltén sea igual de disfrutable por su movida gastronómica que por sus vistas espectaculares del Monte Fitz Roy.

Excursiones en El Chaltén: Qué hacer cuando te negás a caminar

En el cuarto día del viaje nos despertamos con unos vientos brutales y de locos que apenas nos dejaban estar parados, obligándonos a clavarnos todo el día en un café (lo cual agradecimos un montón). El día anterior nos habíamos reventado subiendo hasta la Laguna de los Tres, y estábamos tan duros que casi ni salimos del cuarto. Dormimos como entre 10 y 12 horas de corrido; necesitábamos un break total del trekking, de las cámaras y, básicamente, de la vida misma.

Cuando tenés las piernas destruidas —o si directamente te negás a destruirlas de entrada— tenés que aprovechar las opciones alternativas que hay.

Navegación por el Glaciar Viedma y Lago del Desierto

Si querés sentir la inmensidad de la Patagonia sin atarte los borcegos, tenés que subirte a un barco.

La Navegación por el Glaciar Viedma es una clase magistral de turismo pasivo. El Viedma es el glaciar más grande de Argentina, dejando chiquito al famosísimo Perito Moreno, y sin embargo recibe solo una fracción de los turistas. Los catamaranes salen de Puerto Bahía Túnel, a unos 18 kilómetros del pueblo. Cuando nos fijamos, los precios andaban entre los $145.000 ARS (si vas con tu auto) y unos $245.000 ARS si necesitás que te pasen a buscar por el hotel.

Otra opción es reservarte una excursión de día completo al Lago del Desierto. El viaje en sí ya es una aventura: son 37 kilómetros de ripio por la hermosísima Ruta 41. Una vez ahí, te subís a un barco que navega el lago, regalándote vistas inigualables de la cara norte del Fitz Roy y de los glaciares colgantes Vespignani. Calculá unos $260.000 ARS por el paquete de todo el día con traslados.

[Nota de Samuel]

El cuento del tour accesible: A las agencias les encanta vender estos paseos en barco como ideales para los que no caminan. Y es verdad. Pero tampoco son un paseo por el parque. Los muelles suelen ser de tierra, y bajar en lugares como el Cabo de Hornos o la Reserva Vespignani implica mandarse por terreno irregular y lleno de piedras. Te avisan explícitamente que no hagas estos tours si estás embarazada o tenés las rodillas a la miseria. Si reservás esto, sabé que “no hacer trekking” en la Patagonia significa igual caminar por lugares medio rústicos.

Días de Spa y Rafting en el Río de las Vueltas

Para darle un mimo al cuerpo, andate derecho a Yaten Spa. Es el único spa de verdad en el pueblo. No te esperes una estética de lujo cinco estrellas y batas blancas impecables; este lugar está pensado para excursionistas molidos a palos. Igual, ofrecen masajes descontracturantes buenísimos, jacuzzis y saunas. Cuando el clima patagónico se pone bravo y no da para hacer nada al aire libre, conseguir un turno en el sauna es ganar la lotería.

Si todavía buscás adrenalina pero sin tener que trepar, meté una bajada de rafting en el Río de las Vueltas. Por unos 100 o 120 dólares, te calzan un traje seco y te tiran a unos rápidos Clase III. Te la pasás mirando las inmensas agujas de granito desde el fondo del cañadón mientras el río hace todo el trabajo pesado por vos.

Matriz 2: Opciones de Excursiones sin Trekking

ActividadPrecio (Aprox.)Desgaste FísicoLa Posta
Barco Glaciar Viedma$145k – 245k ARSBajoTenés 45 min en auto hasta el puerto y que caminar por un muelle de piedras.
Lago del Desierto$260.000 ARSBajoSon 37 km a los saltos por ripio. Vistas inmejorables del Fitz Roy.
Rafting en el RíoUSD 100 – 120ModeradoAgua helada, pero te dan traje seco. Ideal para laburar el tren superior.
Yaten SpaVaríaCeroEl único refugio cerrado posta para cuando el viento te vuela la peluca. Reservá con tiempo.
Audrey Bergner comiendo waffles en el café La Waflería de El Chaltén, Patagonia. Comida reconfortante tras ver el Monte Fitz Roy sin caminatas.
Audrey Bergner comiéndose un platazo de waffles en La Waflería de El Chaltén. Cafecitos acogedores como este hacen que el pueblo sea súper atractivo hasta para los que esquivan los trekkings largos cerca del Fitz Roy, con cosas ricas y calentitas para relajar después de pasear un rato.

Dónde comer en El Chaltén: La gastronomía de altas calorías

Si te caminás entre 18 y 22 kilómetros por día, vas a quemar una cantidad bestial de calorías. ¿Pero qué onda si no caminás un carajo? La posta es que la comida en El Chaltén es tan espectacular que el viaje se paga solo con sentarse a comer.

La movida culinaria acá funciona igualito que en un centro de ski top; la cultura del “après-hike” (el bajón post-caminata) es masiva, y la verdad que no hace falta pisar la montaña para disfrutar de la buena vida en el refugio.

Viandas en El Chaltén: La tragedia de la vianda de 10 dólares

Aunque no te mandes un trekking salvaje, tarde o temprano te vas a topar con el mejor invento logístico del pueblo: la vianda armada para la caminata. Casi todos los hoteles te la ofrecen por el equivalente a unos 10 dólares.

Antes de nuestro intento de hacer el Fitz Roy, me pedí una vianda que traía una manzana, una barrita de cereal, un muffin y un montón de caramelos. Audrey se pidió una tremenda ensalada de arroz con zanahoria, huevo, repollo, tomate y unos pedazos gigantes de queso.

Obvio que me puse modo gordo y me clavé casi todo el sándwich apenas a los 20 minutos de arrancar, tipo 9 de la mañana. Cuando estás en el medio de la nada, el hambre ataca rápido. Más adelante en el viaje, caminando por el valle llano hacia la Laguna Torre, la tragedia nos golpeó: se nos rompió el tupper de plástico adentro de la mochila. Para evitar que se nos manchara todo el equipo con huevo y arroz, nos tuvimos que clavar la ensalada ahí nomás.

Si sos de los que no hacen trekking pero vas a dar una vueltita hasta la cascada, comprate la vianda de 10 dólares igual. Buscate una piedra con linda vista. Comete el sándwich a las 9 de la mañana. Disfrutá la vida a pleno.

Los mejores restaurantes en El Chaltén para el bajón

Cuando por fin pegamos la vuelta al pueblo, motivados únicamente por el hambre y la ilusión de clavarnos una cena monstruosa, nos pusimos en modo cata gastronómica. Acá es donde el que no hace trekking brilla con luz propia.

Escondido a una cuadra de la calle principal, cerca de la terminal de micros, Senderos es una joyita adentro de una hostería boutique espectacular. Es chiquitito —tendrá seis o siete mesas nomás— y te sirven una comida gourmet de locos. Yo me devoré un risotto de queso azul increíble con nueces y tomates secos, mientras Audrey se mandó un guiso de lentejas súper potente.

Nos bajamos una botella entera de Syrah (haciendo una pausa muy rara de nuestro amado Malbec) y cerramos con unos postres zarpados: un panqueque de manzana monumental y una mousse de chocolate. Fue para desabrocharse el cinturón. Básicamente nos fuimos rodando hasta el hotel y a las 8:30 PM ya estábamos desmayados en la cama.

Otra tarde nos dimos cuenta al mismo tiempo de lo que necesitábamos: hamburguesas y birra. Encaramos directo para La Zorra, que hace unas hamburguesas gourmet nivel Shake Shack. Me pedí una hamburguesa estilo mexicano bien picante, explotada de jalapeños, salsa y guacamole, mientras Audrey fue por la clásica con panceta. Lo bajamos con unas papas llenas de queso y pedacitos de panceta, y unas pintas de cerveza artesanal tremendas (recomiendo a full la Golden Ale). Ni queríamos saber cuántas calorías tenía todo eso, y la verdad, ni nos importó.

Incluso después de semejante hamburguesa, marchamos derechito a una heladería artesanal en la avenida principal. No podés viajar por Argentina sin clavarte un buen helado. Pedimos cucuruchos cargados con un dulce de leche espectacular, coco, mascarpone y pistacho.

Si querés tomarte un café con leche rico y esquivar el viento, andá a La Waflería, donde los waffles son tan pero tan ricos que nos pusimos a jugar a las cartas a propósito para hacer tiempo y pedirnos otra ronda. Cuando ya la culpa de la zapán nos alcanzó, nos refugiamos en Cúrcuma, que se convirtió en nuestro lugar de confianza para comer unos platos de quinoa bárbaros y verduras asadas.

Matriz 3: Dónde calmar el bajón en El Chaltén

El AntojoDónde irEl Pedido del Falso Trekker
Comida Rica y PaquetaSenderosRisotto de queso azul, panqueque de manzana y un tubo de Syrah.
Chanchada PuraLa ZorraHamburguesa mexicana picante, papas con panceta y queso, Golden Ale.
Mañana de FiacaLa WafleríaWaffles dulces y salados, varios cafecitos y un mazo de cartas.
Modo DetoxCúrcumaBowls de quinoa, verduras asadas, postres tranqui sin tanta azúcar.
Audrey Bergner relajándose junto a un monumento al montañista en El Chaltén, Patagonia. Vistas del pueblo sin hacer senderos largos en el Parque Nacional.
Audrey Bergner relajando al lado del monumento a los escaladores en pleno centro de El Chaltén. Incluso sin mandarte a lo profundo de los senderos del Parque Nacional Los Glaciares, dar una vueltita por el centro de este pueblo te regala arte local, fachadas de colores y paisajes increíbles para cualquier lado que mires.

Conclusión: ¿Vale la pena ir a El Chaltén si no te gusta caminar?

Entonces, ¿vale la pena ir a El Chaltén si odiás el trekking?

Sí. Totalmente. Pero solo si vas con las expectativas bien puestas.

Si llegás esperando una ciudad llena de shoppings de lujo y un 5G impecable para entretenerte mientras llueve, la vas a pasar como el traste. Vas a ser un rehén del clima y de la infraestructura de wifi que es de terror.

Pero si ves a El Chaltén como un refugio rústico en el fin del mundo —un lugar para leer un buen libro en una cabaña linda, tomar cerveza artesanal de primer nivel, reventarte comiendo un risotto de queso azul, y pasear en barco frente a glaciares gigantes— es un destino espectacular.

No hace falta que conquistes el embudo de piedras brutales del Kilómetro 9 para ganarte tu lugar acá. No tenés que sufrir los vientos feroces de la Laguna de los Tres. Podés simplemente tomarte un taxi hasta una cascada, pedirte una vianda de 10 dólares y comerte el sándwich a la hora que se te cante.

Nosotros hicimos las caminatas, sufrimos el dolor de piernas, y nos ganamos nuestras hamburguesas. Pero la hermosa verdad de El Chaltén es que las hamburguesas saben igual de increíbles aunque no hayas pisado la montaña en tu vida.

Acantilados y montañas en El Chaltén, Patagonia. Audrey Bergner disfrutando vistas espectaculares desde el pueblo sin caminar senderos del Fitz Roy.
Audrey Bergner contemplando los imponentes paredones de montaña que rodean El Chaltén. Una de las cosas más lindas de esta pequeña capital del trekking es que tenés semejantes paisajes visibles directo desde el pueblo, así que hasta los que le esquivan al senderismo se llevan unas vistas tremendas.

Preguntas Frecuentes: ¿Qué hacer en El Chaltén si no hago trekking?

¿Necesito contratar un guía para visitar El Chaltén?

Ni a palos. La Capital Nacional del Trekking está prácticamente hecha a medida para el que le gusta hacer la suya. Los senderos arrancan ahí nomás del pueblo, y están a prueba de tontos con marcadores cada kilómetro. En verano hay tanta gente dando vueltas que perderse es casi imposible. Ahorrate la plata del guía y gastátela en unas buenas hamburguesas y pintas de birra a la vuelta.

¿Hay dónde comprar comida o agua en los senderos?

No, olvidate. Una vez que pisás el Parque Nacional, estás totalmente por tu cuenta. No hay paradores, máquinas expendedoras ni kioscos en los caminos. Por suerte, casi todos los hoteles del pueblo te preparan la vianda la noche anterior por unos 10 dólares. Comprate una, tirala en la mochila y tratá de no clavarte el sándwich a los 20 minutos de arrancar como hice yo.

¿Es tan malo el Internet y el Wifi en El Chaltén?

Prácticamente no existe. Los datos móviles no andan para nada, y el wifi de los hoteles se corta a cada rato. Llegamos a estar toda una tarde probando para poder pagar la habitación con tarjeta. Tomate este viaje como una desintoxicación digital obligatoria. Si necesitás mandar un mensajito urgente, sentate en la plaza central y rezale a los dioses de la conectividad.

¿Conviene llevar comida o hacer las compras en El Chaltén?

Llevá tu comida. Lo que hay en los supermercados del pueblo es muy limitado y saladísimo. Llegamos a pagar un dólar por una manzana sola. La mayoría de los viajeros te recomiendan armarte de provisiones y snacks en El Calafate y subirte con todo al micro. Si no lo hacés, vas a terminar cayendo siempre en las viandas de 10 dólares de los hoteles, que son re prácticas pero te terminan sumando un numerito.

¿Qué hacer en El Chaltén si llueve o hay mucho viento?

No mucho, la verdad. El Chaltén está armado al 100% en torno a la aventura al aire libre. Cuando cae la típica tormenta de viento y lluvia patagónica, casi no hay lugares cerrados como museos o shoppings grandes para zafar. Te la vas a pasar tomando café por horas, comiendo a lo bestia para pasar el rato, o sacando turno para un buen masaje descontracturante en Yaten Spa. Traete un buen libro de papel.

¿Se puede ver el Cerro Fitz Roy sin caminar nada de nada?

Cien por ciento. Acá no tenés que transpirar para ver el paisaje. Las agujas gigantes de granito del Fitz Roy asoman derechito por encima del pueblo. Podés quedarte mirando una de las montañas más famosas del mundo paradito en la vereda con una empanada fresca en la mano. Si querés una vista desde un toque más arriba, el Mirador de los Cóndores es una subidita súper corta de 45 minutos desde el centro.

¿Los paseos en barco por los glaciares son aptos para movilidad reducida?

Lamentablemente no. Aunque las navegaciones por el Glaciar Viedma o el Lago del Desierto son alternativas espectaculares al trekking, igual tenés que mandarte por muelles de tierra y caminar por piedras para subirte al barco. Las agencias te avisan clarito que no vayas a estas excursiones si estás embarazada, tenés las rodillas jodidas o usás silla de ruedas.

¿Hace falta llevar efectivo a El Chaltén o los restaurantes aceptan tarjeta?

El efectivo manda. Si bien los lugares más top como Senderos o La Zorra te aceptan plástico, las terminales de pago te dejan tirado a cada rato porque la infraestructura de internet es un desastre. Traete suficientes pesos argentinos desde El Calafate para cubrirte las comidas, los pasajes de micro, y cualquier antojo de urgencia de helado artesanal.

Una nota de Samuel: Escribimos esta guía originalmente en inglés basándonos en nuestros viajes. Como amamos la Patagonia, usamos herramientas de traducción para pasarla al castellano rioplatense y compartir nuestros datos con la comunidad hispanohablante. Si notás alguna frase rara o creés que nos faltó usar algún término bien local, ¡dejalo en los comentarios! Hacemos lo mejor que podemos para que la info sea útil para todos.

Proyecto 23 Argentina: Este artículo también está disponible en inglés. [Read the original English version: Is El Chaltén Worth Visiting if You Hate Hiking?]

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